Mosaico decorativo

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  • tendrás tu parte igual que nosotros, todos haremos una bolsa común": (Proverbios 1, 14)

  • Delante del hombre inteligente está la sabiduría, pero el necio mira a cualquier parte. (Proverbios 17, 24)

  • El primero en defender su causa tiene razón, hasta que llega la parte adversa y lo impugna. (Proverbios 18, 17)

  • Porque un hombre que ha trabajado con sabiduría, con ciencia y eficacia, tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún esfuerzo. También esto es vanidad y una grave desgracia. (Eclesiastés 2, 21)

  • Por eso, yo vi que lo único bueno para el hombre es alegrarse de sus obras, ya que esta es su parte: ¿Quién, en efecto, lo llevará a ver lo que habrá después de él? (Eclesiastés 3, 22)

  • yo vi a todos los vivientes que caminan bajo el sol ponerse de parte del joven sucesor, que se erigió en lugar del otro. (Eclesiastés 4, 15)

  • Yo he comprobado esto: lo más conveniente es comer y beber y encontrar la felicidad en el esfuerzo que uno realiza bajo el sol, durante los contados días de vida que Dios le concede a cada uno: porque esta es la parte reservada a los hombres. (Eclesiastés 5, 17)

  • Además, si Dios ha dado a un hombre riquezas y posesiones, y le permite disfrutar de ellas, tomar la parte que le toca y alegrarse de su trabajo, ¡eso es un don de Dios! (Eclesiastés 5, 18)

  • Goza de la vida con la mujer que amas, mientras dure esa vana existencia que Dios te concede bajo el sol, porque esa es tu parte en la vida y en el esfuerzo que realizas bajo el sol. (Eclesiastés 9, 9)

  • Da una parte a siete, y aun a ocho personas, porque ignoras qué calamidades pueden venir sobre la tierra. (Eclesiastés 11, 2)

  • Teme al Señor y glorifica al sacerdote, dale su parte, como se te ha mandado: las primicias, el sacrificio de reparación y el lomo de las víctimas, las ofrendas consagradas y la primicia de las cosas santas. (Eclesiástico 7, 31)

  • El ojo del ambicioso no está satisfecho con su parte y la ruindad reseca el alma. (Eclesiástico 14, 9)


“É doce o viver e o penar para trazer benefícios aos irmãos e para tantas almas que, vertiginosamente, desejam se justificar no mal, a despeito do Bem Supremo.” São Padre Pio de Pietrelcina