Mosaico decorativo

Fondare 1926 Risultati per: San

  • Para tus santos, en cambio, brillaba una intensa luz. Los egipcios, que oían sus voces, sin distinguir su figura, los consideraban dichosos porque no tenían que sufrir como ellos, (Sabiduría 18, 1)

  • Como ellos habían resuelto hacer perecer a los hijos pequeños de los santos -y de los niños expuestos al peligro, uno solo se salvó- para castigarlos, tú les arrebataste un gran número de sus hijos y los hiciste perecer a todos juntos en las aguas impetuosas. (Sabiduría 18, 5)

  • Por eso, los santos hijos de los justos ofrecieron sacrificios en secreto, y establecieron de común acuerdo esta ley divina: que los santos compartirían igualmente los mismos bienes y los mismos peligros; y ya entonces entonaron los cantos de los Padres. (Sabiduría 18, 9)

  • Los que la sirven rinden culto al Santo y los que la aman son amados por el Señor. (Eclesiástico 4, 14)

  • Sé profundamente humilde, porque fuego y gusanos son el castigo del impío. (Eclesiástico 7, 17)

  • Teme al Señor y glorifica al sacerdote, dale su parte, como se te ha mandado: las primicias, el sacrificio de reparación y el lomo de las víctimas, las ofrendas consagradas y la primicia de las cosas santas. (Eclesiástico 7, 31)

  • No te pelees con un hombre iracundo, ni atravieses el desierto con él, porque la sangre no vale nada a sus ojos y cuando estés indefenso, te derribará. (Eclesiástico 8, 16)

  • Cuando un hombre muere, recibe como herencia larvas, fieras y gusanos. (Eclesiástico 10, 11)

  • Una chispa enciende muchos carbones y el pecador tiende emboscadas sangrientas. (Eclesiástico 11, 32)

  • El enemigo tiene miel en los labios, pero por dentro piensa cómo arrojarte en la fosa. El enemigo tiene lágrimas en los ojos, pero, llegada la ocasión, no habrá sangre que lo sacie. (Eclesiástico 12, 16)

  • En el follaje de un árbol tupido, unas hojas caen y otras brotan: así son las generaciones de carne y de sangre, una muere y otra nace. (Eclesiástico 14, 18)

  • Ella se mantiene alejada del orgullo, y los mentirosos no piensan en ella. (Eclesiástico 15, 8)


"Deus nunca me recusou um pedido". São Padre Pio de Pietrelcina