Mosaico decorativo

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  • Luego tomará de la ofrenda un puñado, como memorial, y lo hará arder sobre el altar. Finalmente, hará que la mujer beba esas aguas. (Números 5, 26)

  • Después de darle a beber el agua, si la mujer se ha deshonrado siendo infiel a su marido, las aguas que entren en ella le provocarán amargura: su vientre se hinchará y ella se volverá estéril. Así la mujer quedará como ejemplo de maldición en medio de su pueblo. (Números 5, 27)

  • o cuando un hombre ha tenido un arrebato de celos y siente celos de su esposa. En estos casos, el marido la hará comparecer delante del Señor, y el sacerdote le aplicará íntegramente este ritual. (Números 5, 30)

  • El marido quedará libre de culpa, y la mujer cargará con la suya. (Números 5, 31)

  • Habla en estos términos a los israelitas: Si alguien, sea hombre o mujer, hace un voto especial -el voto de nazireo- con el fin de consagrarse al Señor, (Números 6, 2)

  • deberá abstenerse del vino y de cualquier otra bebida embriagante. Tampoco beberá vinagre de vino o de bebida embriagante, ni beberá jugo de uvas, ni comerá uvas maduras o secas. (Números 6, 3)

  • Durante todo el tiempo de su nazireato, no comerá ningún producto de la cepa de la vid, ni siquiera las semillas o la cáscara. (Números 6, 4)

  • Mientras esté consagrado por el voto, ninguna navaja tocará su cabeza. Hasta que se cumpla el plazo de su voto al Señor, estará consagrado y se dejará crecer el cabello. (Números 6, 5)

  • Aunque mueran su padre, su madre, su hermano o su hermana, no incurrirá en impureza a causa de ellos, porque él lleva sobre su cabeza la consagración de su Dios. (Números 6, 7)

  • Durante todo el tiempo de su nazireato, es un consagrado al Señor. (Números 6, 8)

  • Si una persona muere repentinamente cerca de él, haciendo impuro su cabello consagrado, se cortará el cabello el día de su purificación, es decir, el séptimo día. (Números 6, 9)

  • Al octavo día, presentará al sacerdote, a la entrada de la Carpa del Encuentro, dos torcazas o dos pichones de paloma. (Números 6, 10)


"Que Jesus reine sempre soberano no seu coração." São Padre Pio de Pietrelcina