Mosaico decorativo

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  • Los que fueron mencionados por sus nombres, llegaron en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y destruyeron los campamentos de los descendientes de Cam y los refugios que allí se encontraban, consagrándolos al exterminio total hasta el día de hoy. Allí se establecieron en lugar de ellos, porque había pasto para sus ganados. (I Crónicas 4, 41)

  • y después de derrotar al resto de Amalec, que había huido, habitaron allí hasta el día de hoy. (I Crónicas 4, 43)

  • y Belá, hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel. Estos habitaban en Aroer y se extendían hasta Nebo y Baal Meón. (I Crónicas 5, 8)

  • También se extendían hacia el oriente, hasta el borde del desierto que limita con el río Éufrates, porque sus ganados se habían multiplicado en la tierra de Galaad. (I Crónicas 5, 9)

  • Por eso, el Dios de Israel suscitó contra ellos a Pul, es decir, a Tiglat Pileser, y este deportó a los rubenitas, a los gaditas y a la mitad de la tribu de Manasés, y los llevó a Jalaj, Jabor, Jará y al río Gozán, hasta el día de hoy. (I Crónicas 5, 26)

  • A los otros hijos de Quehat les dieron por sorteo, conforme a sus familias, diez ciudades de la tribu de Efraím, de la tribu de Dan y de media tribu de Manasés. (I Crónicas 6, 46)

  • Ellos les entregaron, mediante un sorteo, las ciudades de las tribus de Judá, de Simeón y de Benjamín antes mencionadas. (I Crónicas 6, 50)

  • Los descendientes de Uzí fueron Izrajías y los hijos de Izrajías: Micael, Abdías, Joel e Isías: cinco jefes en total. (I Crónicas 7, 3)

  • Los descendientes de Benjamín fueron Bela, Béquer, Iediael: tres en total. (I Crónicas 7, 6)

  • Los descendientes de Iediael fueron Bilhán y los hijos de Bilhán: Ieús, Benjamín, Ehúd, Quenaaná, Zetán, Tarsis y Ajisájar. (I Crónicas 7, 10)

  • Todos estos fueron hijos de Iediael, jefes de familia y hombres valerosos; su número era de 17.200, aptos para combatir en la guerra. (I Crónicas 7, 11)

  • Sajaraim tuvo hijos en los campos de Moab, después de haber repudiado a sus mujeres Jusím y Baará. (I Crónicas 8, 8)


"Deus quer que as suas misérias sejam o trono da Sua misericórdia." São Padre Pio de Pietrelcina