Mosaico decorativo

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  • Apenas Moisés terminó de pronunciar estas palabras, el suelo se partió debajo de sus pies, (Números 16, 31)

  • El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: "¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor! (Números 20, 3)

  • y el Señor le dijo: "Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado". (Números 21, 8)

  • Balac, hijo de Sipor, vio todo lo que los israelitas habían hecho a los amorreos, (Números 22, 2)

  • los moabitas dijeron a los ancianos de Madián: "Ahora esta turba va a devorarlo todo a nuestro alrededor como un buey devora la hierba del campo". Entonces Balac, hijo de Sipor, que era rey de Moab en aquel tiempo, (Números 22, 4)

  • envió unos mensajeros a Balaam, hijo de Beor -que vivía en Petor, junto al Éufrates, en el país de los descendientes de Amav- para que le hicieran esta invitación: "Un pueblo que salió de Egipto y cubrió toda la tierra se ha establecido frente a mí. (Números 22, 5)

  • Los ancianos de Moab y de Madián partieron, llevando la retribución para el adivino. Cuando se presentaron a Balaam y le transmitieron el mensaje de Balac, (Números 22, 7)

  • Balaam les respondió: "Pasen aquí la noche, y yo les daré la respuesta que el Señor me inspire". Entonces los jefes de Moab se quedaron con Balaam. (Números 22, 8)

  • Pero Dios se manifestó a Balaam y le dijo: "¿Quiénes son esos hombres que están contigo?". (Números 22, 9)

  • Balaam respondió a Dios: "Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, me envió este mensaje: (Números 22, 10)

  • Dios dijo a Balaam: "No vayas con ellos ni maldigas a ese pueblo, porque está bendecido". (Números 22, 12)

  • A la mañana siguiente, Balaam se levantó y dijo a los jefes enviados por Balac: "Vuélvanse a su país, porque el Señor me prohibe acompañarlos". (Números 22, 13)


“Caminhe com alegria e com o coração o mais sincero e aberto que puder. E quando não conseguir manter esta santa alegria, ao menos não perca nunca o valor e a confiança em Deus.” São Padre Pio de Pietrelcina