Fondare 2406 Risultati per: Ira
Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada, y le dijo: «Míranos.» (Hecho de los Apóstoles 3, 4)
Al ver esto, Pedro se dirigió al pueblo y les dijo: «Israelitas, ¿por qué se quedan tan maravillados? Ustedes nos miran como si hubiéramos hecho caminar a este hombre por nuestro propio poder, o por ser unos santos. (Hecho de los Apóstoles 3, 12)
Miren lo que puede la fe en su Nombre, pues en su Nombre acaba de ser restablecido este hermano al que ustedes ven y conocen. La fe que él nos inspira es la que lo ha sanado totalmente en presencia de todos ustedes. (Hecho de los Apóstoles 3, 16)
Quedaron admirados al ver la seguridad con que hablaban Pedro y Juan, que eran hombres sin instrucción ni preparación, pero sabían que habían estado con Jesús. (Hecho de los Apóstoles 4, 13)
Es verdad que en esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste. (Hecho de los Apóstoles 4, 27)
Otro hombre llamado Ananías, de acuerdo con su esposa Safira, vendió también una propiedad, (Hecho de los Apóstoles 5, 1)
Y al instante Safira se desplomó a sus pies y murió. Cuando entraron los jóvenes la hallaron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido. (Hecho de los Apóstoles 5, 10)
Le hemos oído decir que Jesús el Nazareno destruirá este Lugar Santo y cambiará las costumbres que nos dejó Moisés.» (Hecho de los Apóstoles 6, 14)
Dios le habló así: "Tus descendientes vivirán en tierra extranjera y serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. (Hecho de los Apóstoles 7, 6)
Moisés quedó perplejo ante esta visión y, al acercarse para mirar, oyó la voz del Señor: (Hecho de los Apóstoles 7, 31)
«Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.» Moisés sintió tanto miedo que no se atrevía ni a mirar. (Hecho de los Apóstoles 7, 32)
Entonces empezaron a gritar, se taparon los oídos y todos a una se lanzaron contra él. Lo empujaron fuera de la ciudad y empezaron a tirarle piedras. (Hecho de los Apóstoles 7, 57)