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Si alguno no obedece a lo que os decimos en esta carta, a ése señaladle y no tratéis con él, para que se avergüence. (II Tesalonicenses 3, 14)
Que El, el Señor de la paz, os conceda la paz siempre y en todos los órdenes. El Señor sea con todos vosotros. (II Tesalonicenses 3, 16)
La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. (II Tesalonicenses 3, 18)
El fin de este mandato es la caridad que procede de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera. (I Timoteo 1, 5)
Algunos, desviados de esta línea de conducta, han venido a caer en una vana palabrería; (I Timoteo 1, 6)
Sí, ya sabemos que la Ley es buena, con tal que se la tome como ley, (I Timoteo 1, 8)
según el Evangelio de la gloria de Dios bienaventurado, que se me ha confiado. (I Timoteo 1, 11)
Doy gracias a aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio, (I Timoteo 1, 12)
a mí, que antes fui un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero encontré misericordia porque obré por ignorancia en mi infidelidad. (I Timoteo 1, 13)
Y la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí, juntamente con la fe y la caridad en Cristo Jesús. (I Timoteo 1, 14)
Y si encontré misericordia fue para que en mí primeramente manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna. (I Timoteo 1, 16)
Esta es la recomendación, hijo mío Timoteo, que yo te hago, de acuerdo con las profecías pronunciadas sobre ti anteriormente. Combate, penetrado de ellas, el buen combate, (I Timoteo 1, 18)