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Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis.» (Mateo 21, 22)
Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?» (Mateo 21, 23)
Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. (Mateo 21, 24)
Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos.» Y él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.» (Mateo 21, 27)
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia." (Mateo 21, 38)
Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» (Mateo 21, 40)
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? (Mateo 21, 42)
Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda." (Mateo 22, 4)
Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda." (Mateo 22, 9)
Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. (Mateo 22, 10)
Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. (Mateo 22, 15)
Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas. (Mateo 22, 16)