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Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana: sea al rey, como soberano, (I Pedro 2, 13)
Pues esta es la voluntad de Dios: que obrando el bien, cerréis la boca a los ignorantes insensatos. (I Pedro 2, 15)
Obrad como hombres libres, y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios. (I Pedro 2, 16)
Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey. (I Pedro 2, 17)
Criados, sed sumisos, con todo respeto, a vuestros dueños, no sólo a los buenos e indulgentes, sino también a los severos. (I Pedro 2, 18)
Porque bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente. (I Pedro 2, 19)
el que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia; (I Pedro 2, 23)
el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados. (I Pedro 2, 24)
Igualmente, vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres, (I Pedro 3, 1)
al considerar vuestra conducta casta y respetuosa. (I Pedro 3, 2)
sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios. (I Pedro 3, 4)
Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sumisas a sus maridos; (I Pedro 3, 5)