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Hijo, por un muerto lágrimas derrama, como quien sufre cruelmente, entona la lamentación; según el ceremonial entierra su cadáver y no seas negligente con su sepultura. (Eclesiástico 38, 16)
Si el gran Señor lo quiere, del espíritu de inteligencia será lleno. El mismo derramará como lluvia las palabras de su sabiduría, y en la oración dará gracias al Señor. (Eclesiástico 39, 6)
Como incienso derramad buen olor, abríos en flor como el lirio, exhalad perfume, cantad un cantar, bendecid al Señor por todas sus obras. (Eclesiástico 39, 14)
Los vástagos de los impíos no tienen muchas ramas, las raíces impuras sólo hallan piedra áspera. (Eclesiástico 40, 15)
El bramido de su trueno insulta a la tierra, el huracán del norte y los ciclones. (Eclesiástico 43, 17)
El derrama también sobre la tierra la escarcha como sal, que al helarse se queda como pinchos de espinas. (Eclesiástico 43, 19)
Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones, multiplicarle como el polvo de la tierra, encumbrar como las estrellas su linaje, y darles una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra. (Eclesiástico 44, 21)
alargaba su mano a la copa, hacía la libación del jugo de racimo, y lo derramaba al pie del altar, como calmante aroma al Altísimo Rey universal. (Eclesiástico 50, 15)
Pacerán los corderos como en su pastizal, y entre las ruinas gordos cabritos ramonearán. (Isaías 5, 17)
Tiene un rugido como de leona, ruge como los cachorros, brama y agarra la presa, la arrebata, y no hay quien la libre. (Isaías 5, 29)
Bramará contra él aquel día como el bramido del mar, y oteará la tierra, y habrá densa oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en la espesa tiniebla. (Isaías 5, 30)
En tiempo de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, más no pudieron hacerlo. (Isaías 7, 1)