Mosaico decorativo

Talált 2225 Eredmények: Poder En Israel

  • (Y la Gloria de Israel no miente ni se arrepiente, porque no es un hombre para arrepentirse). (I Samuel 15, 29)

  • Saúl dijo: «He pecado, pero, con todo, te ruego que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel y vengas conmigo para que adore a Yahveh tu Dios.» (I Samuel 15, 30)

  • Samuel no vio más a Saúl hasta el día de su muerte. Y lloraba Samuel por Saúl, pero Yahveh se había arrepentido de haberle hecho rey de Israel. (I Samuel 15, 35)

  • Dijo Yahveh a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar llorando por Saúl, después que yo le he rechazado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí.» (I Samuel 16, 1)

  • Se reunieron Saúl y los hombres de Israel, acamparon en el valle del Terebinto y se ordenaron en batalla frente a los filisteos. (I Samuel 17, 2)

  • Goliat se plantó y gritó a las filas de Israel diciéndoles: «¿Para qué habéis salido a poneros en orden de batalla? ¿Acaso no soy yo filisteo y vosotros servidores de Saúl? Escogeos un hombre y que baje contra mí. (I Samuel 17, 8)

  • Y añadió el filisteo: «Yo desafío hoy a las filas de Israel; dadme un hombre y lucharemos mano a mano.» (I Samuel 17, 10)

  • Oyó Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo y se consternaron y se llenaron de miedo. (I Samuel 17, 11)

  • Están Saúl, ellos y todos los hombres de Israel en el valle del Terebinto, guerreando con los filisteos.» (I Samuel 17, 19)

  • Israel y los filisteos se pusieron en orden de batalla, fila contra fila. (I Samuel 17, 21)

  • En viéndole todos los hombres de Israel huyeron delante de él, llenos de miedo. (I Samuel 17, 24)

  • Los hombres de Israel decían: «¿Habéis visto a este hombre que sube? Sube a provocar a Israel. A quien lo mate colmará el rey de grandes riquezas y le dará su hija y librará de tributo la casa de su padre en Israel.» (I Samuel 17, 25)


“O amor e o temor devem sempre andar juntos. O temor sem amor torna-se covardia. São Padre Pio de Pietrelcina