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a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; (Hechos 2, 23)
«Hermanos, permitidme que os diga con toda libertad cómo el patriarca David murió y fue sepultado y su tumba permanece entre nosotros hasta el presente. (Hechos 2, 29)
Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?» (Hechos 2, 37)
Pedro fijó en él la mirada juntamente con Juan, y le dijo: «Míranos.» (Hechos 3, 4)
Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos, (Hechos 3, 7)
«Ya sé yo, hermanos, que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. (Hechos 3, 17)
Moisés efectivamente dijo: El Señor Dios os suscitará un profeta como yo de entre vuestros hermanos; escuchadle todo cuanto os diga. (Hechos 3, 22)
Les echaron mano y les pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, pues había caído ya la tarde. (Hechos 4, 3)
Al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus jefes, ancianos y escribas, (Hechos 4, 5)
Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos, (Hechos 4, 8)
sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros. (Hechos 4, 10)
pues el hombre en quien se había realizado esta señal de curación tenía más de cuarenta años. (Hechos 4, 22)