Talált 1933 Eredmények: Sin
Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti». (Marcos 5, 19)
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, (Marcos 5, 22)
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. (Marcos 5, 26)
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. (Marcos 5, 29)
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?». (Marcos 5, 35)
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». (Marcos 5, 36)
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, (Marcos 5, 37)
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. (Marcos 5, 38)
Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». (Marcos 5, 39)
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? (Marcos 6, 2)
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. (Marcos 6, 34)
y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. (Marcos 7, 2)