Mosaico decorativo

Talált 2627 Eredmények: Río

  • Él abarca con la mirada los límites del tiempo y no hay nada extraordinario para él. (Eclesiástico 39, 20)

  • Su bendición desborda como un río y como un diluvio, empapa la tierra. (Eclesiástico 39, 22)

  • Desde el que está sentado en un trono glorioso hasta el humillado en el polvo y la ceniza; (Eclesiástico 40, 3)

  • Caña que brota en cualquier agua y al borde de un río será arrancada antes que toda otra hierba. (Eclesiástico 40, 16)

  • La riqueza y la fuerza reconfortan el corazón, pero más todavía el temor del Señor. Con el temor del Señor, nada falta, y ya no es necesario buscar otra ayuda. (Eclesiástico 40, 26)

  • de la injusticia ante un compañero y un amigo, y del robo ante su vecindario; (Eclesiástico 41, 19)

  • Si tu hija es atrevida, vigílala bien, no sea que te convierta en la burla de tus enemigos, en la habladuría de la ciudad y el comentario de la gente, y te cubra de vergüenza a los ojos de todos. (Eclesiástico 42, 11)

  • Sopla el viento frío del norte y el hielo se congela sobre el agua, se posa sobre toda masa de agua y la reviste como de una coraza. (Eclesiástico 43, 20)

  • ¿Dónde hallar la fuerza para glorificarlo? Porque él es el Grande, superior a todas sus obras, (Eclesiástico 43, 28)

  • Por eso, Dios le aseguró con un juramento que las naciones serían bendecidas en su descendencia, que lo multiplicaría como el polvo de la tierra, que exaltaría a sus descendientes como las estrellas, y les daría en herencia el país, desde un mar hasta el otro y desde el Río hasta los confines de la tierra. (Eclesiástico 44, 21)

  • Lo estableció en virtud de un pacto irrevocable y le confirió el sacerdocio del pueblo. Lo atavió con espléndidos ornamentos y lo ciñó con una vestidura gloriosa. (Eclesiástico 45, 7)

  • Moisés le confirió la investidura y lo ungió con el óleo santo. Esta fue una alianza eterna para él y para sus descendientes, mientras dure el cielo, para que sirvan a Dios como sacerdotes y bendigan al pueblo en su nombre. (Eclesiástico 45, 15)


"Não queremos aceitar o fato de que o sofrimento é necessário para nossa alma." São Padre Pio de Pietrelcina