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Les aseguro por la verdad de Cristo que reside en mí, que yo no quiero perder este motivo de orgullo en la región de Acaya. (II Corintios 11, 10)
¿Será acaso porque no los amo? Dios lo sabe. (II Corintios 11, 11)
Y lo que hago, lo seguiré haciendo, para quitar todo pretexto a los que buscan una ocasión de gloriarse por los mismos motivos que nos gloriamos nosotros. (II Corintios 11, 12)
Estos son falsos apóstoles, que proceden engañosamente, haciéndose pasar por apóstoles de Cristo. (II Corintios 11, 13)
Su táctica no debe sorprendernos, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. (II Corintios 11, 14)
No es de extrañar, entonces, que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Pero su fin será digno de sus obras. (II Corintios 11, 15)
Les vuelvo a repetir: que nadie me tome por insensato, y si me toma por tal, que me permita, a mi vez, gloriarme un poco. (II Corintios 11, 16)
Lo que voy a decir ahora no lo diré movido por el Señor, sino como si fuera un necio, con la seguridad de que también yo tengo de qué gloriarme. (II Corintios 11, 17)
Ya que tantos otros se glorían según la carne, yo también voy a gloriarme. (II Corintios 11, 18)
¡Con qué gusto soportan a los necios, ustedes que se tienen por tan sensatos! (II Corintios 11, 19)
Dicen que hemos sido demasiado débiles: lo admito para mi vergüenza. Pero de lo mismo que otros se jactan -y ahora hablo como un necio- también yo me puedo jactar. (II Corintios 11, 21)
¿Son ministros de Cristo? Vuelvo a hablar como un necio: yo lo soy más que ellos. Mucho más por los trabajos, mucho más por las veces que estuve prisionero, muchísimo más por los golpes que recibí. Con frecuencia estuve al borde de la muerte, (II Corintios 11, 23)