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Si un hombre tiene cien hijos y vive muchos años, por más numerosos que sean los días de sus años, si su alma no se sacia de felicidad y ni siquiera le dan sepultura, yo digo que un aborto es más feliz que él. (Eclesiastés 6, 3)
Por eso, elogié la alegría, ya que lo único bueno para el hombre bajo el sol es comer, beber y sentirse contento: esto es lo que le sirve de compañía en sus esfuerzos mientras duran los días de su vida, que Dios le concede bajo el sol. (Eclesiastés 8, 15)
Entonces se temerán las cuestas empinadas y los terrores acecharán por el camino. El almendro estará florecido, se pondrá pesada la langosta y la alcaparra perderá su eficacia. Porque el hombre se va a su morada eterna, mientras las plañideras rondan por la calle. (Eclesiastés 12, 5)
Cohélet, además de ser sabio, también enseñó la ciencia al pueblo; él pesó, examinó y ajustó numerosos proverbios. (Eclesiastés 12, 9)
La higuera dio sus primeros frutos y las viñas en flor exhalan su perfume. ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! (Cantar 2, 13)
Su cabeza es un lingote de oro puro, sus cabellos son ramas de palmera, negros como un cuervo. (Cantar 5, 11)
Son sesenta las reinas, ochenta las concubinas, e innumerables las jóvenes. (Cantar 6, 8)
Tu talle se parece a la palmera, tus pechos a sus racimos. (Cantar 7, 8)
Yo dije: Subiré a la palmera, y recogeré sus frutos. ¡Que tus pechos sean como racimos de uva, tu aliento como aroma de manzanas, (Cantar 7, 9)
En cambio, la numerosa descendencia de los impíos no servirá de nada: nacida de brotes bastardos, no echará raíces profundas ni se establecerá sobre un suelo firme. (Sabiduría 4, 3)
La vejez honorable no consiste en vivir mucho tiempo ni se mide por el número de años: (Sabiduría 4, 8)
una ballesta arrojará una furiosa granizada, las olas del mar se encresparán contra ellos y los ríos los sumergirán sin piedad; (Sabiduría 5, 22)