Talált 1736 Eredmények: Don
Que Dios me conceda hablar con inteligencia, y que mis pensamientos sean dignos de los dones recibidos, porque él mismo es el guía de la Sabiduría y el que dirige a los sabios. (Sabiduría 7, 15)
Tú me ordenaste construir un Templo sobre tu santa montaña y un altar en la ciudad donde habitas, réplica del santo Tabernáculo que habías preparado desde el principio. (Sabiduría 9, 8)
Ella no abandonó al justo que fue vendido, sino que lo libró del pecado; (Sabiduría 10, 13)
descendió con él a la cisterna, y no lo abandonó en la prisión hasta entregarle el cetro de la realeza y la autoridad sobre los que lo sojuzgaban; así puso en evidencia la mentira de sus calumniadores y le dio una gloria eterna. (Sabiduría 10, 14)
Al que antes habían hecho exponer al peligro, y luego rechazaron con desprecio, lo admiraron al final de los acontecimientos, admiraron al que antes habían abandonado en las aguas después de sufrir una sed muy diferente a la de los justos. (Sabiduría 11, 14)
Después, con un esfuerzo mal empleado, utiliza la misma arcilla para modelar un falso dios, y el que hace eso es un hombre que poco antes nació de la tierra y dentro de poco volverá a la tierra de donde fue sacado, cuando se le pida que devuelva su alma. (Sabiduría 15, 8)
El miedo, en efecto, no es sino el abandono de la ayuda que da la reflexión: (Sabiduría 17, 12)
les daban gracias porque no se vengaban de los daños recibidos, y les pedían perdón por su actitud hostil. (Sabiduría 18, 2)
porque con el castigo que infligiste a nuestros adversarios, tú nos cubriste de gloria, llamándonos a ti. (Sabiduría 18, 8)
Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió en el Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta? (Eclesiástico 2, 10)
Porque el Señor es misericordioso y compasivo, perdona los pecados y salva en el momento de la aflicción. (Eclesiástico 2, 11)
"Abandonémonos en las manos del Señor y no en las manos de los hombres, porque así como es su grandeza es también su misericordia". (Eclesiástico 2, 18)