Talált 5949 Eredmények: Dios Está Cerca
El espíritu del Señor habla por mí y su palabra está en mi lengua; (II Samuel 23, 2)
ha hablado el Dios de Jacob, la Roca de Israel me ha dicho: El que gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna con temor de Dios (II Samuel 23, 3)
Sí, mi casa está firme junto a Dios, porque él estableció por mí una alianza eterna, bien estipulada y garantida. ¿Acaso él no hace germinar lo que me da la victoria y lo que cumple mis deseos? (II Samuel 23, 5)
David manifestó este deseo: "¡Quién me diera de beber agua del pozo que está junto a la Puerta de Belén!". (II Samuel 23, 15)
Los Tres Valientes irrumpieron en el campamento filisteo, sacaron agua del pozo que está junto a la Puerta de Belén, la trajeron y se la presentaron a David. Pero él no quiso beberla y la derramó como libación al Señor, (II Samuel 23, 16)
Joab respondió al rey: "Que el Señor, tu Dios, multiplique al pueblo cien veces más de lo que es, y que los ojos de mi señor, el rey, puedan verlo. Pero ¿por qué quieres hacer esto?". (II Samuel 24, 3)
Cruzaron el Jordán y acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que está en el valle del torrente de Gad, dirigiéndose luego a Iazer. (II Samuel 24, 5)
y dijo: "¿Por qué mi señor, el rey, viene a ver a su servidor?". David respondió: "Para comprarte esta era y erigir en ella un altar al Señor. Así esta plaga dejará de abatirse sobre el pueblo". (II Samuel 24, 21)
Arauná le dio al rey todo eso, y añadió: "¡Que el Señor, tu Dios, te sea propicio!". (II Samuel 24, 23)
Pero el rey dijo a Arauná: "¡De ninguna manera! La compraré por su debido precio; no voy a ofrecer al Señor, mi Dios, holocaustos que no cuestan nada". Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. (II Samuel 24, 24)
Un día, Adonías sacrificó ovejas, bueyes y terneros cebados junto a la Piedra de Zojélet, que está al lado de la fuente de Roguel, e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá que estaban al servicio del rey; (I Reyes 1, 9)
Ella le dijo: "Mi señor, tú mismo has hecho a tu servidora este juramento, por el Señor, tu Dios: ‘Tu hijo Salomón reinará después de mí y se sentará en mi trono’. (I Reyes 1, 17)