Talált 944 Eredmények: Ciudad
El rey lo hizo sentar a su lado y dijo a sus dignatarios: "Recorran con él la ciudad y proclamen que nadie se atreva a levantar ninguna acusación contra él ni a molestarlo por ningún motivo". (I Macabeos 10, 63)
Luego acampó frente a Jope, pero los habitantes de la ciudad le cerraron las puertas porque allí había una guarnición de Apolonio. Apenas comenzó el ataque, (I Macabeos 10, 75)
los habitantes de la ciudad, aterrorizados, le abrieron las puertas, y así Jonatán se adueñó de Jope. (I Macabeos 10, 76)
Cuando estuvo cerca de Azoto le mostraron el templo de Dagón incendiado, la ciudad y sus alrededores en ruinas, los cadáveres esparcidos y los restos calcinados de los que habían sido quemados en la batalla, porque los habían amontonado por donde iba a pasar el rey. (I Macabeos 11, 4)
Pero los habitantes de la ciudad, unos ciento veinte mil hombres, se amotinaron en las calles con la intención de matar al rey. (I Macabeos 11, 45)
Entonces el rey pidió auxilio a los judíos, y ellos se agruparon todos juntos alrededor de él. Luego se dispersaron por la ciudad, y ese día mataron a unas cien mil personas. (I Macabeos 11, 47)
Después incendiaron la ciudad y recogieron ese mismo día un cuantioso botín, salvando así al rey. (I Macabeos 11, 48)
Cuando la gente vio que los judíos dominaban completamente la ciudad, se desanimaron y comenzaron a suplicar al rey: (I Macabeos 11, 49)
"¡Hagamos las paces! ¡Que esos judíos dejen de atacarnos a nosotros y a la ciudad!". (I Macabeos 11, 50)
De allí pasó a Gaza, pero los habitantes le cerraron las puertas. Entonces sitió la ciudad y saqueó e incendió sus alrededores. (I Macabeos 11, 61)
Sus habitantes le hicieron una propuesta de paz y él la aceptó, pero los obligó a evacuar la ciudad, y se apoderó de ella, poniendo allí una guarnición. (I Macabeos 11, 66)
También resolvió elevar las murallas de Jerusalén y levantar un gran muro entre la Ciudadela y el resto de la ciudad, a fin de separarlas, de manera que la Ciudadela quedara aislada y sus habitantes no pudieran comprar ni vender. (I Macabeos 12, 36)