Talált 357 Eredmények: Enemigos
Con un odio perfecto yo los odio y para mí también son enemigos. (Salmos 139, 22)
Líbrame, Señor, de mis enemigos, pues me escondí cerca de ti. (Salmos 143, 9)
y dijo: «¡Pobre de mí! ¿Acaso he nacido para ver la ruina de mi pueblo y la destrucción de la ciudad santa? ¿Voy a quedarme sentado cuando está en manos de enemigos, y su santuario en poder de extraños? (1 Macabeos 2, 7)
los objetos preciosos que hacían su fama fueron llevados como botín, sus niños fueron asesinados en las plazas, y sus jóvenes pasados por la espada de los enemigos. (1 Macabeos 2, 9)
Estos, al ver el ejército contrario, dijeron a Judas: «¿Cómo podremos nosotros, tan pocos, luchar contra tantos enemigos? Además nos faltan fuerzas, pues nada comimos hoy.» (1 Macabeos 3, 17)
Apenas terminó de hablar, asaltó de repente a los enemigos. Serón y su ejército fueron derrotados. (1 Macabeos 3, 23)
Judas dijo a los suyos: «No teman el número de enemigos ni se acobarden frente a sus ataques. (1 Macabeos 4, 8)
pero todos los de la retaguardia cayeron bajo la espada. Los persiguieron hasta Gaser, los llanos de Idumea, de Azoto y de Jamnia, matando a cerca de tres mil enemigos. (1 Macabeos 4, 15)
Judas y sus hermanos se dijeron entonces: «Nuestros enemigos están derrotados: subamos, pues, y purifiquemos el Lugar Santo para consagrarlo de nuevo.» (1 Macabeos 4, 36)
Cuando el ejército de Timoteo se dio cuenta de que era el Macabeo, emprendieron la fuga, pero él les dio fuertes golpes y cayeron unos ocho mil enemigos aquel día. (1 Macabeos 5, 34)
Algunos sacerdotes que querían hacerse los valientes cayeron aquel día por haber atacado imprudentemente a los enemigos. (1 Macabeos 5, 67)
«No empecemos otra vez a ser enemigos; yo iré con poca gente, para entrevistarme con ustedes amistosamente.» (1 Macabeos 7, 28)