Mosaico decorativo

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  • Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes patrias, pidiendo a Dios que muestre pronto su misericordia con su pueblo, y a ti, con tormentos y castigos, te obligue a confesar que sólo él es Dios. (II Macabeos 7, 37)

  • Con estas palabras les infundió valor, los dispuso a morir por la patria y sus leyes y dividió el ejército en cuatro alas. (II Macabeos 8, 21)

  • Aquel mismo que con arrogancia sobrehumana creía poder imperar a las olas del mar y soñaba poder pesar en su balanza las cimas de los montes, tenía que ser llevado en una litera, dando a todos testimonio evidente de la omnipotencia de Dios. (II Macabeos 9, 8)

  • De esta forma pasó de esta vida aquel homicida y blasfemo, sufriendo tormentos atroces. Murió entre montes y en tierra extraña, con una muerte miserable. (II Macabeos 9, 28)

  • Pero, por esto mismo, fue acusado por los cortesanos ante Eupátor. Con frecuencia era acusado de traidor por haberse pasado al partido de Antíoco Epífanes, abandonando la isla de Chipre, que tenía en nombre de Filométor. Creyendo que ya no podría desempeñar con decoro tan alto cargo, desesperado, se envenenó, y así acabó la vida. (II Macabeos 10, 13)

  • Timoteo vino a caer en manos de las tropas de Dositeo y Sosípatro. Pedía con gran astucia que le perdonasen la vida, pues estaban en sus manos los padres y hermanos de muchos judíos, los cuales no serían perdonados si le mataban a él. (II Macabeos 12, 24)

  • En el anterior período de confusión había sido acusado de judaísmo, y por el judaísmo había expuesto su cuerpo y su vida con invencible constancia. (II Macabeos 14, 38)

  • se subió a una roca, y allí, casi sin sangre, se agarró los intestinos con ambas manos y los tiró sobre los soldados, pidiendo al Señor de la vida y del espíritu que un día se los devolviera; y así murió. (II Macabeos 14, 46)

  • Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel. (Proverbios 1, 1)

  • ella ha abandonado al compañero de su juventud, se ha olvidado de la alianza de su Dios, (Proverbios 2, 17)

  • ninguno de cuantos van a ella retornan ni encuentran los caminos de la vida. (Proverbios 2, 19)

  • Hijo mío, no olvides mi enseñanza, y que tu corazón guarde mis preceptos; (Proverbios 3, 1)


"Como é belo esperar!" São Padre Pio de Pietrelcina