Mosaico decorativo

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  • todo lo que Jasón de Cirene ha dicho en cinco volúmenes, procuraremos resumirlo en uno solo. (II Macabeos 2, 23)

  • y de Hircano, hijo de Tobías, persona de noble posición -contra las falsas denuncias del malvado Simón-; y que todo el tesoro era de trece mil seiscientos kilos de plata y seis mil seiscientos de oro; (II Macabeos 3, 11)

  • El rey preguntó a Heliodoro por la persona más indicada para enviarla otra vez a Jerusalén. (II Macabeos 3, 37)

  • Heliodoro respondió: "Si tienes alguna persona contraria y enemiga de tu gobierno, envíala allá, y la harás volver bien castigada, si es que consigue volver. En aquel lugar hay un poder divino. (II Macabeos 3, 38)

  • Seleuco murió, y le sucedió en el trono Antíoco, por sobrenombre Epífanes. Jasón, hermano de Onías, ambicionaba el sumo sacerdocio, (II Macabeos 4, 7)

  • El rey accedió; Jasón se apoderó del mando, y se empeñó en hacer pasar a los de su raza a las costumbres helénicas. (II Macabeos 4, 10)

  • A tal punto llegó el helenismo y el incremento de costumbres extranjeras a causa del malvado, más que sumo sacerdote, Jasón, (II Macabeos 4, 13)

  • el criminal Jasón envió a la fiesta desde Jerusalén espectadores, ciudadanos antioquenos, que llevaban trescientas dracmas de plata para el sacrificio de Hércules; pero dijeron que no convenía emplearlas en el sacrificio, sino en otros gastos. (II Macabeos 4, 19)

  • Fue recibido espléndidamente por Jasón, y toda la ciudad le acompañó y recibió con antorchas y aclamaciones. Desde allí marchó con sus tropas a Fenicia. (II Macabeos 4, 22)

  • Tres años después, Jasón mandó a Menelao, hermano del tal Simón, para que llevara dinero al rey y gestionara algunos asuntos urgentes y necesarios. (II Macabeos 4, 23)

  • Pero ganó la voluntad del rey, se hizo pasar por hombre de gran influencia y consiguió el sumo sacerdocio, ofreciendo diez mil doscientos kilos de plata más que Jasón. (II Macabeos 4, 24)

  • Y Jasón, que había suplantado a su hermano, suplantado a su vez por otro, tuvo que huir al país de los amonitas. (II Macabeos 4, 26)


"De todos os que vierem pedir meu auxílio, nunca perderei nenhum!" São Padre Pio de Pietrelcina