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¡Escapad, salvaos, sed como el asno salvaje en el desierto! (Jeremías 48, 6)
Quien escape al terror caerá en el foso, y quien salga del foso quedará prendido en el lazo. Sí, traeré todo esto sobre Moab en el año de su castigo -dice el Señor-. (Jeremías 48, 44)
Al abrigo de Jesbón se detienen extenuados los fugitivos. Pero un fuego sale de Jesbón, una llama del medio de Sijón, que devora las sienes de Moab, el cráneo de esta gente revoltosa. (Jeremías 48, 45)
Como un león que sube de la espesura del Jordán a un pasto de perenne verdor, así, en un instante, los haré salir de allí y estableceré a mi elegido. Pues, ¿quién hay como yo? ¿Quién me podrá desafiar? ¿Quién es el pastor que me pueda hacer frente? (Jeremías 49, 19)
Huid, salid aprisa, ocultaos en escondrijos, habitantes de Jasor -dice el Señor-, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha formado contra vosotros un proyecto, ha urdido un plan contra vosotros. (Jeremías 49, 30)
Huid de Babilonia, salid del país de los caldeos, sed como machos cabríos a la cabeza del rebaño. (Jeremías 50, 8)
Alegraos, sí, saltad de gozo, saqueadores de mi herencia; brincad como becerros en el prado, como caballos relinchad. (Jeremías 50, 11)
Como un león que sube de la espesura del Jordán a una pradera de perenne verdor, así, en un instante, les haré salir de allí y estableceré a mi elegido. Pues, ¿quién hay como yo? ¿Quién me podrá desafiar? ¿Quién es el pastor que me puede hacer frente? (Jeremías 50, 44)
¡Huid de Babilonia, cada cual salve su vida! No perezcáis en su castigo, porque es la hora de la venganza del Señor y va a pagarle como se merece. (Jeremías 51, 6)
"¡Caigan sobre Babilonia mis ultrajes y mis penas!" dice el pueblo de Sión. "¡Sobre los habitantes de Caldea mi sangre!", exclama Jerusalén. (Jeremías 51, 35)
Sal de en medio de ella, pueblo mío, y sálvese quien pueda del ardor de la ira del Señor. (Jeremías 51, 45)
Vosotros, los escapados de la espada, salid, no os detengáis. Invocad al Señor en esta tierra lejana y acordaos de Jerusalén. (Jeremías 51, 50)