Mosaico decorativo

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  • Rebaño perdido era mi pueblo; sus pastores lo extraviaban, le hacían vagar por las montañas; de monte en colina caminaba, olvidando su aprisco. (Jeremías 50, 6)

  • Exterminad de Babilonia al sembrador y al que empuña la hoz en tiempo de la siega. Ante la espada destructora, cada uno hacia su pueblo se dirija, cada cual escape a su país. (Jeremías 50, 16)

  • Viene un pueblo del norte, una gran nación; reyes numerosos se levantan desde los confines de la tierra. (Jeremías 50, 41)

  • "¡Caigan sobre Babilonia mis ultrajes y mis penas!" dice el pueblo de Sión. "¡Sobre los habitantes de Caldea mi sangre!", exclama Jerusalén. (Jeremías 51, 35)

  • Sal de en medio de ella, pueblo mío, y sálvese quien pueda del ardor de la ira del Señor. (Jeremías 51, 45)

  • Nebuzardán, jefe de la escolta, deportó al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y a todos los artesanos que quedaban. (Jeremías 52, 15)

  • Entre los ciudadanos hizo prisionero a un eunuco, comisario de los hombres de guerra, y a siete familiares del rey que fueron encontrados en la ciudad; al secretario del jefe del ejército, encargado del reclutamiento, y a sesenta hombres del pueblo que se encontraban en la ciudad. (Jeremías 52, 25)

  • Jerusalén se acuerda de sus días de miseria y de aflicción; cuando caía su pueblo en manos del enemigo sin que ninguno le ayudara; sus adversarios la miraban y se reían de su ruina. (Lamentaciones 1, 7)

  • Todo su pueblo suspira buscando pan; dan sus joyas a cambio de comida, por sustentar la vida. "¡Mira, Señor, y observa qué envilecida estoy!". (Lamentaciones 1, 11)

  • Mis ojos están en lágrimas sumidos, mis entrañas se estremecen; mi hiel por tierra derramada, por la caída de la hija de mi pueblo, cuando desfallecían niños y lactantes en las plazas de la ciudad. (Lamentaciones 2, 11)

  • Me ha hecho la irrisión de mi pueblo, copla suya todo el día. (Lamentaciones 3, 14)

  • Arroyos de lágrimas fluyen de mis ojos por la ruina de la hija de mi pueblo. (Lamentaciones 3, 48)


"Reze, reze! Quem muito reza se salva e salva os outros." São Padre Pio de Pietrelcina