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Edna, su mujer, y Sara, su hija, también lloraban. (Tobías 7, 7)
Luego dijo a la madre que trajera un papel, en el que escribieron el contrato matrimonial, es decir, que daba a su hija por mujer a Tobías según lo prescrito en la ley de Moisés. Y lo selló. Después se pusieron a comer y beber. (Tobías 7, 14)
Ragüel dijo a su esposa Edna: "Mujer, prepara otro dormitorio y lleva allí a Sara". (Tobías 7, 15)
Habían salido todos, y la puerta del dormitorio estaba ya cerrada. Tobías se levantó y le dijo a Sara: "Levántate, mujer; recemos y supliquemos a nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros y nos proteja". (Tobías 8, 4)
Tú creaste a Adán y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y compañera; y de los dos ha nacido toda la raza humana. Tú dijiste: No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una ayuda semejante a él. (Tobías 8, 6)
Ahora, Señor, yo no me caso con esta mujer por lujuria, sino con elevados sentimientos. Ten misericordia de los dos, y haz que vivamos larga vida". (Tobías 8, 7)
y dijo a su mujer: "Manda una criada a ver si vive; pues si ha muerto, lo enterraremos sin que nadie se entere". (Tobías 8, 12)
Dijo a su mujer que preparase pan en abundancia. Él se fue a la vacada, trajo dos toros y cuatro carneros, mandó que los mataran y comenzaron los preparativos. (Tobías 8, 19)
Luego tomarás la mitad de mis bienes y te irás feliz a casa de tus padres; heredarás la otra mitad cuando hayamos muerto mi mujer y yo. Ánimo, hijo, que soy ya para siempre tu padre y Edna tu madre, como lo somos de tu mujer Sara. Ánimo, hijo". (Tobías 8, 21)
A buena hora se pusieron en camino y llegaron a la boda. Al entrar en casa de Ragüel, encontraron a Tobías sentado a la mesa. Se levantó y saludó a Gabael, que se echó a llorar y lo bendijo así: "¡Hombre bueno y honrado, hijo de un hombre honrado, justo y limosnero! Que el Señor te bendiga con bendiciones celestiales a ti, a tu mujer, a su padre y a su madre. Bendito sea Dios, que he visto a Tobías tan parecido a mi primo Tobit". (Tobías 9, 6)
Ana, su mujer, repetía: "Mi hijo ha muerto, ya no vive". Y lloraba y se lamentaba: (Tobías 10, 4)
Tobit contestaba: "Cálmate, mujer; no te preocupes, que está bueno y salvo. Le habrá salido algún imprevisto; pero el hombre que le acompañaba es persona de confianza y uno de nuestros compatriotas. No te entristezcas, mujer, que pronto llegará". (Tobías 10, 6)