Mosaico decorativo

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  • No obstante, se contuvo. Al llegar a casa, llamó a sus amigos y a su mujer, Zeres, (Ester 5, 10)

  • Su mujer, Zeres, y sus amigos le respondieron: "Manda preparar un patíbulo de veinticinco metros de altura, y mañana por la mañana propón al rey que se cuelgue en él a Mardoqueo, y así irás contento con el rey al banquete". Agradó la propuesta a Amán, y ordenó que se preparase el patíbulo. (Ester 5, 14)

  • Refirió a su mujer, Zeres, y a todos sus amigos lo que había sucedido. Ellos le dijeron: "Comienzas a declinar ante Mardoqueo; si pertenece a la raza judía, no podrás nada contra él, sino que caerás ante él". (Ester 6, 13)

  • En las cartas, el rey concedía a los judíos, fuera cualquiera la ciudad en que habitasen, el derecho de unirse para defender la propia vida, y de matar, exterminar y acabar con las personas armadas de cualquier pueblo o provincia que los atacasen, incluidos las mujeres y los niños, así como de apoderarse del botín. (Ester 8, 11)

  • El año cuarto del reinado de Tolomeo y Cleopatra, Dositeo, que decía ser sacerdote y levita, y su hijo Tolomeo, trajeron esta carta de purim, la declararon auténtica y dijeron que había sido traducida por Lisímaco, hijo de Tolomeo, de la comunidad de Jerusalén. (Ester 11, 1)

  • uno de los numerosos cautivos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había deportado desde Jerusalén, con Jeconías, rey de Judá, (Ester 11, 4)

  • Pues bien, pedida orientación a mis consejeros de cómo conseguir esto, uno de ellos, Amán, que sobresale de los demás por su prudencia e inquebrantable fidelidad, que es el segundo en honores después del rey, (Ester 13, 3)

  • ordenamos que todos los que os sean indicados en las cartas de Amán, que está al cargo de nuestros asuntos y es nuestro segundo padre, sean pasados a espada con sus mujeres e hijos, sin piedad y miramiento alguno, el día catorce del duodécimo mes, el de adar, del presente año. (Ester 13, 6)

  • tú sabes que aborrezco la riqueza de los injustos, que detesto el lecho de los incircuncisos, como el de cualquier extranjero. (Ester 14, 15)

  • un mensajero llegó a casa de Job y le dijo: "Estaban los bueyes arando y las asnas pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos los sabeos y se los llevaron, (Job 1, 14)

  • Su mujer le dijo: "¿Todavía perseveras en tu rectitud? ¡Maldice a Dios y muere!". (Job 2, 9)

  • Pero él respondió: "Hablas como una mujer necia. Si se acepta de Dios el bien, ¿no se ha de aceptar el mal?". En todo esto no pecó Job con sus labios. (Job 2, 10)


"A sua casa deve ser uma escada para o Céu". São Padre Pio de Pietrelcina