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Las mujeres, con cilicios bajo los pechos, invadían las calles; las doncellas encerradas, unas corrían a las puertas, otras subían a las murallas, otras miraban por las ventanas. (II Macabeos 3, 19)
Cuando el rey volvió de las regiones de Cilicia, se presentó ante él una comisión de judíos y de griegos, que aborrecían el crimen, para protestar por la muerte de Onías. (II Macabeos 4, 36)
Y el que a muchos había obligado a salir de la patria, pereció en tierra extranjera, entre los lacedemonios, en quienes pensaba encontrar protección en gracia de los lazos de familia. (II Macabeos 5, 9)
Por esto, también el templo ha participado de las desgracias del pueblo, así como después estuvo asociado a sus beneficios; y aunque fuera abandonado a la ira del omnipotente, fue exaltado de nuevo gloriosamente en la reconciliación del gran Dios. (II Macabeos 5, 20)
Al marchar, dejó ministros suyos para hacer mal al pueblo: en Jerusalén, a Filipo, de origen frigio y de modales más salvajes que el que lo había puesto; (II Macabeos 5, 22)
Llegó a Jerusalén y, simulando la paz, esperó hasta el sábado. Entonces, viendo a los judíos en fiesta, mandó hacer un desfile militar (II Macabeos 5, 25)
Otros, que se habían ocultado en una caverna para celebrar el sábado, fueron denunciados a Filipo y abrasados, pues no quisieron defenderse por la santidad del sábado. (II Macabeos 6, 11)
Rebosando sentimientos generosos, exhortaba a cada uno en la lengua materna; y robusteciendo con ánimo varonil la fragilidad femenina, (II Macabeos 7, 21)
Si el Señor, Dios vivo, se ha indignado contra nosotros por breve tiempo para castigarnos y corregirnos, él se reconciliará con sus siervos de nuevo. (II Macabeos 7, 33)
Filipo, al ver los éxitos crecientes de Judas y sus victorias cada vez mayores y más frecuentes, escribió a Tolomeo, general de Celesiria y Fenicia, para que viniera a poner a salvo los intereses del rey. (II Macabeos 8, 8)
Tolomeo designó a Nicanor, hijo de Patroclo, de los primeros amigos del rey; puso a sus órdenes más de veinte mil soldados de diversas naciones y le dio la orden de exterminar a toda la raza judía. Puso a su lado a Gorgias, caudillo militar que tenía experiencia en los asuntos de guerra. (II Macabeos 8, 9)
Les recordó los auxilios recibidos por sus padres; el de los días de Senaquerib, cuando murieron ciento ochenta y cinco mil hombres, (II Macabeos 8, 19)