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Pues no está tu fuerza en la multitud ni en los poderosos tu dominio, sino que eres Dios de los humildes, socorro de los oprimidos, protector de los débiles, defensor de los abandonados, salvador de los desesperanzados. (Judit 9, 11)
Haz que todo el pueblo y todas las tribus reconozcan que eres, oh Dios, todopoderoso y fuerte, y que fuera de ti no hay defensor del pueblo de Israel". (Judit 9, 14)
Voy a presentarme a Holofernes, general jefe de vuestro ejército, para comunicarle información exacta. Yo le mostraré el camino para apoderarse de toda la montaña, sin perder ni un solo hombre". (Judit 10, 13)
"Has salvado tu vida apresurándote a venir a nuestro jefe. Vete a su tienda; algunos de nosotros te escoltaremos hasta allí. (Judit 10, 15)
Escogieron a cien hombres, que las acompañaron y guiaron hasta la tienda de Holofernes. (Judit 10, 17)
La noticia se propagó de tienda en tienda; de todo el campamento acudían y la rodeaban, mientras ella, fuera de la tienda de Holofernes, esperaba el anuncio de su llegada. (Judit 10, 18)
Los guardias personales de Holofernes y todos sus ayudantes de campo salieron y la introdujeron en la tienda. (Judit 10, 20)
Holofernes descansaba en su lecho, bajo un baldaquino de púrpura y oro, adornado de esmeraldas y piedras preciosas. (Judit 10, 21)
Holofernes le dijo: "Ten confianza, mujer, no tengas miedo; jamás he maltratado a los que han decidido servir a Nabucodonosor, rey de toda la tierra. (Judit 11, 1)
Te llevaré yo por toda la Judea hasta llegar a Jerusalén y haré que te sientes en el centro de ella. Tú los conducirás como ovejas sin pastor, y ni siquiera un perro ladrará contra ti. Todo esto me ha sido manifestado para que lo conocieras anticipadamente; Dios me lo ha comunicado, y me ha mandado anunciártelo". (Judit 11, 19)
Estas palabras agradaron a Holofernes y a todos sus ayudantes de campo, que, admirados de su sabiduría, dijeron: (Judit 11, 20)
Holofernes le dijo: "Dios ha hecho bien al enviarte por delante de tu pueblo para demostrarle que el poder está en mis manos y la ruina en los que desprecian a mi señor. (Judit 11, 22)