Mosaico decorativo

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  • La preocupación del día impide dormir, y más que una enfermedad grave aleja el sueño. (Eclesiástico 31, 2)

  • Y después bendice a tu hacedor, al que te colmó de sus bienes. (Eclesiástico 32, 13)

  • El pecador rehúye la corrección y para sus caprichos halla excusas. (Eclesiástico 32, 17)

  • Como barro en manos de alfarero todos los caminos son según su beneplácito , así los hombres en manos de su hacedor, que dará a cada uno según su voluntad. (Eclesiástico 33, 13)

  • Enfrente del mal está el bien, enfrente de la muerte la vida; así frente al piadoso, el pecador. (Eclesiástico 33, 14)

  • Yo he llegado el último de todos, como un rebuscador detrás de los rebuscadores. (Eclesiástico 33, 16)

  • Con la bendición del Señor me aventajé a otros, y como vendimiador llené mi lagar. (Eclesiástico 33, 17)

  • Los ojos del Señor se posan sobre quienes lo aman: poderosa protección y fuerte apoyo, abrigo contra el viento abrasador y sombra contra el calor del mediodía, guarda contra el tropiezo y auxilio contra la caída. (Eclesiástico 34, 16)

  • Que tu fuego vengador devore al que intenta escapar, y los opresores de tu pueblo encuentren la destrucción. (Eclesiástico 36, 8)

  • Con mujer no trates de su rival, ni con un cobarde de la guerra, ni con negociante sobre el cambio, ni con comprador acerca de la venta, ni con envidioso de gratitud, ni con egoísta de generosidad, ni con perezoso de trabajo alguno, ni con el obrero eventual acerca del fin de su trabajo, ni con el criado perezoso acerca de una gran tarea: en todos estos no te apoyes para buscar consejo. (Eclesiástico 37, 11)

  • El que peca a los ojos de su hacedor caerá en manos del médico. (Eclesiástico 38, 15)

  • E igual el herrero sentado junto al yunque, que examina el hierro bruto; el ardor del fuego enrojece su carne, y en el calor de la fragua se revuelve. El ruido del martillo ensordece sus oídos, y sus ojos están fijos en el modelo. Pone toda su atención en acabar bien su obra y su desvelo en adornarla perfectamente. (Eclesiástico 38, 28)


"Se tanta atenção é dada aos bens desta Terra, quanto mais se deve dar aos do Céu?" São Padre Pio de Pietrelcina