Mosaico decorativo

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  • sino que elegí a Jerusalén para morada de mi nombre y elegí a David para que estuviera al frente de mi pueblo Israel. (II Crónicas 6, 6)

  • Mi padre David quiso construir un templo en honor del Señor, Dios de Israel. (II Crónicas 6, 7)

  • El Señor ha cumplido su palabra. Yo me alcé en el puesto de mi padre David y me senté sobre el trono de Israel, como dijo el Señor, y construí el templo en honor del Señor, Dios de Israel, (II Crónicas 6, 10)

  • "Señor, Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti ni en el cielo ni en la tierra. Tú guardas la alianza y la fidelidad con tus siervos que siguen tus caminos de todo corazón. (II Crónicas 6, 14)

  • Ahora, Señor, Dios de Israel, cumple también lo que prometiste a tu siervo David, mi padre: No te faltará nunca en mi presencia un varón que se siente sobre el trono de Israel, con tal que tus hijos se porten bien y sigan tus caminos, como lo has hecho tú. (II Crónicas 6, 16)

  • Así pues, Dios de Israel, que se cumpla la promesa que hiciste a tu siervo David. (II Crónicas 6, 17)

  • Escucha la plegaria que tu siervo y tu pueblo Israel hagan en este lugar; escúchala desde tu morada en los cielos, escúchalos y perdona. (II Crónicas 6, 21)

  • Cuando tu pueblo Israel sea derrotado por el enemigo por haber pecado contra ti, si se convierte, te confiesa su pecado, te suplica y te ruega en este templo, (II Crónicas 6, 24)

  • escucha tú en el cielo, perdona el pecado de tu pueblo Israel y vuélvelos a la tierra que diste a ellos y a sus padres. (II Crónicas 6, 25)

  • escucha tú en el cielo, perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enséñales el buen camino por donde deben andar y manda la lluvia sobre la tierra que le diste en heredad. (II Crónicas 6, 27)

  • si una persona o todo el pueblo de Israel, arrepentidos y contritos, llegan a este templo con las manos extendidas rogando y suplicando, (II Crónicas 6, 29)

  • También al extranjero, que no es de tu pueblo Israel, si viene de tierras lejanas atraído por la fama de tu nombre, la fuerza de tu mano y el poder de tu brazo a orar en este templo, (II Crónicas 6, 32)


"No tumulto das paixões terrenas, surge a grande esperança da misericórdia inexorável de Deus." São Padre Pio de Pietrelcina