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Le pidieron que les diese la mano y él se la dio. Les hizo salir de allí, ocupó la ciudad y puso en ella una guarnición. (I Macabeos 11, 66)
Todos los hombres de Jonatán se dieron a la fuga sin que quedara ni uno de ellos, a excepción de Matatías, hijo de Absalón, y de Judas, hijo de Kalfi, capitanes del ejército. (I Macabeos 11, 70)
Cayeron aquel día del ejército extranjero hasta 3.000 hombres. Jonatán regresó a Jerusalén. (I Macabeos 11, 74)
«Jonatán, sumo sacerdote, el senado de la nación, los sacerdotes y el resto del pueblo judío saludan a sus hermanos los espartanos. (I Macabeos 12, 6)
y les hemos dado orden de pasar también donde vosotros para saludaros y entregaros nuestra carta sobre la renovación de nuestra fraternidad. (I Macabeos 12, 17)
«Areios, rey de los espartanos, saluda a Onías, sumo sacerdote. (I Macabeos 12, 20)
Partió, pues, de Jerusalén y fue a encontrarles a la región de Jamat, sin darles tiempo a irrumpir en su país. (I Macabeos 12, 25)
dar mayor altura a las murallas de Jerusalén y levantar un alto muro entre la Ciudadela y la ciudad para separarlas y para que quedara la Ciudadela aislada y no pudieran comprar ni vender. (I Macabeos 12, 36)
Jonatán salió a su encuentro con 40.000 hombres escogidos para la guerra y llegó a Bet San. (I Macabeos 12, 41)
Viendo al pueblo espantado y medroso, subió a Jerusalén, reunió al pueblo (I Macabeos 13, 2)
Lejos de mí ahora mirar por salvar mi vida en cualquier tiempo de angustia, que no soy yo mejor que mis hermanos; (I Macabeos 13, 5)
Reunió entonces Simón a todos los hombres aptos para la guerra y se dio prisa en acabar las murallas de Jerusalén hasta que la fortificó en todo su contorno. (I Macabeos 13, 10)