Mosaico decorativo

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  • Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. (Juan 11, 30)

  • Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» (Juan 11, 32)

  • Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó (Juan 11, 33)

  • Jesús se echó a llorar. (Juan 11, 35)

  • Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. (Juan 11, 38)

  • Dice Jesús: «Quitad la piedra.» Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día.» (Juan 11, 39)

  • Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» (Juan 11, 40)

  • Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. (Juan 11, 41)

  • Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar.» (Juan 11, 44)

  • Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. (Juan 11, 46)

  • Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación (Juan 11, 51)

  • Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudada llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos. (Juan 11, 54)


"Se precisamos ter paciência para suportar os defeitos dos outros, quanto mais ainda precisamos para tolerar nossos próprios defeitos!" São Padre Pio de Pietrelcina