Mosaico decorativo

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  • Cuando murió Abdón, hijo de Hilel, lo sepultaron en Pireatón, en la montaña de Efraím, en territorio de Saalím. (Jueces 12, 15)

  • La mujer corrió en seguida a avisarle a su marido: "Se me apareció el hombre que vino a verme el otro día". (Jueces 13, 10)

  • Pero el Ángel del Señor le dijo: "¿Por qué me preguntas mi nombre? Él es misterioso". (Jueces 13, 18)

  • Manóaj tomó el cabrito y la oblación, y los ofreció sobre la roca en holocausto al Señor, que es misterioso en sus acciones. Manóaj y su mujer estaban mirando. (Jueces 13, 19)

  • En caso contrario, ustedes me los darán a mí". Ellos le respondieron: "Dinos tu adivinanza, porque te estamos oyendo". (Jueces 14, 13)

  • Al cuarto día, dijeron a la mujer de Sansón: "Seduce a tu marido para que nos resuelva la adivinanza. De lo contrario, te quemaremos a ti y a toda tu familia. ¿O es que nos han invitado para quitarnos lo que es nuestro?". (Jueces 14, 15)

  • La mujer se puso a llorar en brazos de Sansón, y le dijo: "Tú no sientes ningún cariño por mí. Has propuesto una adivinanza a mis compatriotas, y no has querido darme la solución". "No se la di a mi padre ni a mi madre, le respondió él, ¿y te la voy a dar a ti?". (Jueces 14, 16)

  • Pero ella le estuvo encima llorando los siete días que duró la fiesta, y él, ante tanta insistencia, al séptimo día le dio la solución. Ella se la comunicó a sus compatriotas. (Jueces 14, 17)

  • Luego el espíritu del Señor se apoderó de Sansón; él bajó a Ascalón y allí mató a treinta hombres. Después de recoger sus despojos, entregó la ropa a los que habían acertado la adivinanza, y regresó furioso a la casa de su padre. (Jueces 14, 19)

  • Y como ella tenía a unos hombres emboscados en la habitación, le gritó: "¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". Pero él rompió las cuerdas de arco como se rompe un cordón de estopa al primer contacto con el fuego. Y no se descubrió el secreto de su fuerza. (Jueces 16, 9)

  • Entonces ella lo hizo dormir, entretejió las siete trenzas de su cabellera con la urdimbre de un tejido y las fijó con la clavija. Luego le gritó: "¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". Él se despertó de su sueño, y arrancó la clavija y el tejido. Y no se descubrió el secreto de su fuerza. (Jueces 16, 14)

  • él le abrió todo su corazón y le dijo: "La navaja no ha pasado nunca por mi cabeza, porque estoy consagrado a Dios desde el seno de mi madre. Si me cortaran el cabello, mi fuerza se apartaría de mí, me debilitaría y sería como los demás hombres." (Jueces 16, 17)


"Para mim, Deus está sempre fixo na minha mente e estampado no meu coração." São Padre Pio de Pietrelcina