Mosaico decorativo

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  • ¡Escuchen, reyes! ¡Presten oído, príncipes! Yo voy a cantar, voy a cantar al Señor, celebraré al Señor, el Dios de Israel. (Jueces 5, 3)

  • se diluyeron las montañas, delante del Señor -el del Sinaí- delante del Señor, el Dios de Israel. (Jueces 5, 5)

  • Ya no había más jefes, no había ni uno solo en Israel, hasta que te levantaste tú, Débora, hasta que te levantaste tú, madre en Israel. (Jueces 5, 7)

  • La gente elegía dioses nuevos, la guerra ya estaba a las puertas; no se veía ni un escudo ni una lanza entre cuarenta mil hombres de Israel. (Jueces 5, 8)

  • Mi corazón está con los caudillos de Israel, con los voluntarios del pueblo. ¡Bendigan al Señor! (Jueces 5, 9)

  • ¡Escuchen a los arqueros junto a los pozos de agua! Allí se narran los actos de justicia del Señor, las gestas de su dominio en Israel, cuando el pueblo del Señor bajó a las Puertas. (Jueces 5, 11)

  • Los madianitas oprimieron a Israel, y para librarse de ellos, los israelitas se hicieron escondites en las cuevas de las montañas, en las cavernas y en los lugares escarpados. (Jueces 6, 2)

  • Cada vez que Israel sembraba, venían los madianitas, los amalecitas y los Orientales, y los invadían. (Jueces 6, 3)

  • Acampaban frente a ellos y destruían los productos del suelo hasta los confines de Gaza. No dejaban víveres, ovejas, bueyes ni asnos en Israel, (Jueces 6, 4)

  • Israel quedó muy debilitado a causa de Madián, y los israelitas clamaron al Señor. (Jueces 6, 6)

  • el Señor les envió un profeta, que les habló en estos términos: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo los hice subir de Egipto y los saqué de un lugar de esclavitud; (Jueces 6, 8)

  • los libré del poder de los egipcios y de las manos de sus opresores. Los expulsé a ellos para entregarles a ustedes su territorio. (Jueces 6, 9)


“Por que a tentação passada deixa na alma uma certa perturbação? perguntou um penitente a Padre Pio. Ele respondeu: “Você já presenciou um tremor de terra? Quando tudo estremece a sua volta, você também é sacudido; no entanto, não necessariamente fica enterrado nos destroços!” São Padre Pio de Pietrelcina