Mosaico decorativo

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  • El grande, el magistrado y el poderoso son dignos de honra, pero el que teme al Señor es superior a todos ellos. (Eclesiástico 10, 24)

  • La sabiduría del humilde le hace erguir la frente, y lo hace sentar en medio de los poderosos. (Eclesiástico 11, 1)

  • El que toca el betún se queda manchado, y el que trata con el orgulloso se vuelve igual a él. (Eclesiástico 13, 1)

  • Cuando te invite un poderoso, quédate a distancia, y te invitará con más insistencia. (Eclesiástico 13, 9)

  • El ojo del ambicioso no está satisfecho con su parte y la ruindad reseca el alma. (Eclesiástico 14, 9)

  • Ella se mantiene alejada del orgullo, y los mentirosos no piensan en ella. (Eclesiástico 15, 8)

  • Porque grande es la sabiduría del Señor, él es fuerte y poderoso, y ve todas las cosas. (Eclesiástico 15, 18)

  • No esperes que vivan mucho tiempo ni te sientas seguro porque son numerosos: vale más uno solo que mil y es mejor morir sin hijos que tenerlos impíos. (Eclesiástico 16, 3)

  • ¿Hay algo más luminoso que el sol? ¡Y sin embargo, también él se eclipsa! ¡Cuánto más la carne y la sangre, que sólo conciben el mal! (Eclesiástico 17, 31)

  • Él hombre sólo tiene misericordia de su prójimo, pero el Señor es misericordioso con todos los vivientes. Él reprende, corrige y enseña, y los hace volver como el pastor a su rebaño. (Eclesiástico 18, 13)

  • Uno se calla, y es tenido por sabio, y otro se hace odioso por su locuacidad. (Eclesiástico 20, 5)

  • El que habla demasiado se vuelve abominable y el que pretende imponerse se hace odioso. (Eclesiástico 20, 8)


"A mansidão reprime a ira." São Padre Pio de Pietrelcina