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¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, desde siempre y para siempre!". Y todo el pueblo respondió: "¡Amén!". "¡Alabanza al Señor!". (I Crónicas 16, 36)
Hemán y Iedutún tenían consigo trompetas, címbalos e instrumentos musicales para acompañar los cantos de Dios. Los hijos de Iedutún eran porteros. (I Crónicas 16, 42)
Entonces el rey David fue a sentarse delante del Señor y exclamó: "¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas hecho llegar hasta aquí? (I Crónicas 17, 16)
Y como esto te pareció demasiado poco, Dios mío, también has hecho una promesa acerca de la casa de tu servidor, para un futuro lejano. ¡Tú me has mirado como a un hombre de alto rango, Señor Dios! (I Crónicas 17, 17)
Sí, Señor, no hay nadie como tú, ni hay Dios fuera de ti, por todo lo que hemos escuchado con nuestros propios oídos. (I Crónicas 17, 20)
¿Y hay sobre la tierra una sola nación como tu pueblo Israel, ese pueblo a quien el mismo Dios fue a rescatar para sí, a fin de hacerse un nombre grande y temible, expulsando a naciones enteras ante el pueblo que rescataste de Egipto? (I Crónicas 17, 21)
Tú has hecho que tu pueblo Israel fuera tu Pueblo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. (I Crónicas 17, 22)
Que se mantenga firme, y que tu Nombre sea engrandecido para siempre. Que se diga: ‘¡El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel, es Dios para Israel!’. Y que la casa de David, tu servidor, esté bien afianzada delante de ti. (I Crónicas 17, 24)
Porque tú mismo, Dios mío, le has revelado a tu servidor que le edificarás una casa; por eso tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. (I Crónicas 17, 25)
Y ahora tú, Señor, que eres Dios, le has prometido estos bienes a tu servidor. (I Crónicas 17, 26)
¡Ánimo! ¡Luchemos valerosamente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios! ¡Y que el Señor haga lo que le parezca bien!". (I Crónicas 19, 13)
David tomó la corona de la cabeza del dios Milcóm y comprobó que pesaba un talento de oro. La corona tenía una piedra preciosa, que fue colocada sobre la frente de David. Él se llevó también de la ciudad un enorme botín. (I Crónicas 20, 2)