pronađen 5949 Rezultati za: Dios Está Cerca
porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. (Romanos 7, 18)
De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer el bien, se me presenta el mal. (Romanos 7, 21)
Porque de acuerdo con el hombre interior, me complazco en la Ley de Dios, (Romanos 7, 22)
pero observo que hay en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón y me ata a la ley del pecado que está en mis miembros. (Romanos 7, 23)
¡Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En una palabra, con mi razón sirvo a la Ley de Dios, pero con mi carne sirvo a la ley del pecado. (Romanos 7, 25)
Lo que no podía hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo, en una carne semejante a la del pecado, y como víctima por el pecado. Así él condenó el pecado en la carne, (Romanos 8, 3)
porque los deseos de la carne se oponen a Dios, ya que no se someten a su Ley, ni pueden hacerlo. (Romanos 8, 7)
Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. (Romanos 8, 8)
Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. (Romanos 8, 9)
Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. (Romanos 8, 14)
Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre! (Romanos 8, 15)
El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. (Romanos 8, 16)