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Esta era la palabra que el Señor había dicho a Jehú: "Tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación". Y así fue. (II Reyes 15, 12)
El resto de los hechos de Salúm y la conspiración que urdió, todo eso está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel. (II Reyes 15, 15)
El resto de los hechos de Menajém y todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel? (II Reyes 15, 21)
El resto de los hechos de Pecajías, todo lo que él hizo, está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel. (II Reyes 15, 26)
El resto de los hechos de Pécaj, todo lo que él hizo, está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel. (II Reyes 15, 31)
El resto de los hechos de Jotám, todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá? (II Reyes 15, 36)
Ajaz tenía veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Él no hizo lo que es recto a los ojos del Señor, su Dios, a diferencia de su padre David. (II Reyes 16, 2)
Luego el rey Ajaz dio esta orden al sacerdote Urías: "Sobre el altar grande harás arder el holocausto de la mañana y la oblación de la tarde, el holocausto del rey y su oblación, el holocausto de todo el pueblo del país, su oblación y sus libaciones; también lo rociarás con toda la sangre de los holocaustos y toda la sangre de los sacrificios. Del altar de bronce, me ocuparé yo". (II Reyes 16, 15)
El resto de los hechos de Ajaz, todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá? (II Reyes 16, 19)
Esto sucedió porque los israelitas pecaron contra el Señor, su Dios, que los había hecho subir del país de Egipto, librándolos del poder del Faraón, rey de Egipto, y porque habían venerado a otros dioses. (II Reyes 17, 7)
Los israelitas perpetraron contra el Señor, su Dios, acciones indebidas: se edificaron lugares altos en todas sus ciudades, tanto en las torres de guardia como en las plazas fuertes; (II Reyes 17, 9)
Pero ellos no escucharon, y se obstinaron como sus padres, que no creyeron en el Señor, su Dios. (II Reyes 17, 14)