Mosaico decorativo

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  • Envíen un cordero de parte del soberano del país, desde la Roca, por el desierto, a la montaña de la hija de Sión. (Isaías 16, 1)

  • Por eso, mis entrañas vibran como una lira por Moab, y mi corazón, por Quir Jaréset. (Isaías 16, 11)

  • Será como cuando el segador recoge la mies y su brazo siega las espigas, como cuando se desgranan las espigas en el valle de Refaím (Isaías 17, 5)

  • El mismo día que plantas, los ves crecer, y a la mañana siguiente, ves germinar tu semilla. Pero la cosecha se pierde en un día funesto, y el dolor es incurable. (Isaías 17, 11)

  • Él los amenaza, y huyen bien lejos, empujados como paja por el viento de las montañas, como la flor del cardo por el vendaval. (Isaías 17, 13)

  • Todos ellos serán abandonados a las aves de rapiña en las montañas y a las fieras de la tierra: las aves de rapiña pasarán allí el verano y todas las fieras de la tierra, el invierno. (Isaías 18, 6)

  • En aquel tiempo, se llevarán dones al Señor de los ejércitos de parte de un pueblo esbelto y bronceado, de un pueblo temible de cerca y de lejos, de una nación vigorosa y dominadora, cuyo país está surcado de ríos: se llevarán hasta el lugar donde reside el Nombre del Señor de los ejércitos, a la Montaña de Sión. (Isaías 18, 7)

  • los canales apestarán, los Nilos de Egipto bajarán hasta secarse, las cañas y los juncos se marchitarán. (Isaías 19, 6)

  • Aquel día, habrá en la tierra de Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de Canaán y jurarán por el Señor de los ejércitos; una de ellas se llamará Ciudad del Sol. (Isaías 19, 18)

  • El Señor herirá a Egipto, pero sólo para sanarlo. Ellos se volverán al Señor, y él los escuchará y los sanará. (Isaías 19, 22)

  • Por eso mis entrañas se sienten convulsionadas; me asaltan los dolores, dolores como los del parto. Me desconcierta lo que oigo, me espanta lo que veo. (Isaías 21, 3)

  • El centinela responde: "Llega la mañana y de nuevo la noche. Si quieren preguntar, pregunten; vengan otra vez". (Isaías 21, 12)


"A maior caridade é aquela que arranca as pessoas vencidas pelo demônio, a fim de ganhá-las para Cristo." São Padre Pio de Pietrelcina