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A los que habían resuelto matar a los hijos de los santos, de los que uno solo fue expuesto y se salvó, en castigo les quitaste la muchedumbre de sus hijos y los hiciste perecer a todos juntos en un agua impetuosa. (Sabiduría 18, 5)
Todos sin excepción tenían muertos innumerables, heridos por un mismo género de muerte; y los vivos no bastaban para enterrarlos, ya que, en un instante, lo más noble de su linaje había sido destruido. (Sabiduría 18, 12)
En efecto, estando celebrando todavía sus duelos funerarios y lamentándose sobre las tumbas de los muertos, ya concibieron otra idea absurda y se pusieron a perseguir como a fugitivos a los que habían suplicado que se fuesen. (Sabiduría 19, 3)
Los elementos se intercambiaban sus propiedades, como los instrumentos de cuerda cambian su ritmo, conservando, sin embargo, su tonalidad; lo cual se puede claramente ver con el examen cuidadoso de los hechos, (Sabiduría 19, 18)
Las llamas, por el contrario, no consumían las carnes de endebles animales que en ellas se movían, ni se derretía aquel alimento celestial, semejante al rocío y tan frágil como él. (Sabiduría 19, 21)
Porque sabiduría e instrucción es el temor al Señor, objeto de su complacencia es la fidelidad y mansedumbre. (Eclesiástico 1, 27)
No te ensalces a ti mismo, no sea que caigas y traigas la deshonra sobre ti, porque el Señor descubrirá tus secretos y te humillará en medio de la asamblea. Porque no has practicado el temor del Señor, y tu corazón está lleno de falsedad. (Eclesiástico 1, 30)
Porque en el fuego se prueba el oro, y los elegidos del Señor en el horno de la humillación. (Eclesiástico 2, 5)
Los que temen al Señor tienen el corazón dispuesto, se humillan ante él y dicen: (Eclesiástico 2, 17)
Porque grande es la potencia del Señor, es glorificado por los humildes. (Eclesiástico 3, 20)
Un corazón obstinado se ve cargado de dolores, el pecador acumula pecado sobre pecado. (Eclesiástico 3, 27)
No digas: "Grande es su misericordia, perdonará la muchedumbre de mis pecados". Porque, aunque es misericordioso, también se enfurece y su furor descarga sobre los pecadores. (Eclesiástico 5, 6)