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La tierra de Egipto quedará desolada y desierta, y sabrán que yo soy el Señor. Por haber dicho: El Nilo es mío, yo lo he hecho, (Ezequiel 29, 9)
haré regresar a los cautivos de Egipto y los volveré a la tierra de Patrós, a su país de origen, donde formarán un reino humilde. (Ezequiel 29, 14)
Él y su pueblo, el más feroz de las naciones, serán enviados a asolar el país, desenvainarán contra Egipto sus espadas y llenarán la tierra de muertos. (Ezequiel 30, 11)
Dejaré secos sus Nilos, abandonaré el país en manos de asesinos, devastaré la tierra y cuanto encierra por mano de extranjeros. Yo, el Señor, he hablado. (Ezequiel 30, 12)
Esto dice el Señor Dios: Aniquilaré los ídolos de Menfis y no saldrán más príncipes de la tierra de Egipto. Sembraré el terror en el país de Egipto. (Ezequiel 30, 13)
Sí, robusteceré los brazos del rey de Babilonia, mientras que los brazos del Faraón caerán. Sabrán entonces que yo soy el Señor, cuando ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia y él la esgrima sobre la tierra de Egipto. (Ezequiel 30, 25)
Un pueblo extranjero, el más feroz de las naciones, lo ha talado y derribado; en los montes y por todos los valles han caído sus ramas, y su fronda yace destrozada por todos los barrancos del país. Todos los pueblos de la tierra se han retirado de su sombra y lo han abandonado. (Ezequiel 31, 12)
Esto dice el Señor Dios: Tenderé sobre ti mi red, una manada de pueblos innumerables; en mi red te sacarán a tierra. (Ezequiel 32, 3)
Te dejaré en la tierra, en medio del campo te abandonaré. Haré posarse sobre ti todas las aves del cielo y hartaré de ti a todas las bestias de la tierra. (Ezequiel 32, 4)
Con tus despojos regaré la tierra; con tu sangre, hasta la cima de los montes, hasta que rebosen los torrentes. (Ezequiel 32, 6)
Cuando yo deje desierta la tierra de Egipto y el país sea despojado de cuanto contiene, cuando hiera a todos los que en él habitan, sabrán que yo soy el Señor". (Ezequiel 32, 15)
Sus sepulcros han sido puestos en las profundidades de la fosa y sus guerreros están en torno a su espada, los que sembraban el pánico en la tierra de los vivos. (Ezequiel 32, 23)