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Durante cuarenta años os he hecho caminar por el desierto, sin que se os hayan gastado los vestidos y el calzado. (Deuteronomio 29, 4)
el Señor no le perdonará, sino que la ira y la indignación del Señor se encenderán contra él, y todas las maldiciones escritas en este libro caerán sobre él hasta borrar su nombre de debajo de los cielos. (Deuteronomio 29, 19)
yo os declaro hoy formalmente que moriréis sin remedio y no viviréis largo tiempo en la tierra que vais a conquistar una vez cruzado el Jordán. (Deuteronomio 30, 18)
¿Cómo puede uno solo perseguir a mil y dos poner en fuga a diez mil, sino porque su roca los ha vendido y el Señor los ha entregado? (Deuteronomio 32, 30)
No es cosa sin importancia para vosotros, puesto que la ley es vuestra vida, y por ella prolongaréis vuestros días sobre la tierra que vais a poseer una vez cruzado el Jordán". (Deuteronomio 32, 47)
Por haberme sido infiel en medio de los israelitas en las aguas de Meribá, en Cades, en el desierto de Sin; por no haber reconocido mi santidad en medio de los israelitas, (Deuteronomio 32, 51)
Dijo: "El Señor vino del Sinaí, salió para ellos de Seír, resplandeció desde la montaña de Farán, salió para ellos de los campos de Cades, rayos de luz salían de su diestra. (Deuteronomio 33, 2)
Ese mismo día comieron panes sin levadura y trigo tostado; pero desde el día siguiente empezaron a comer los productos de la tierra. (Josué 5, 11)
Cuando el rey de Ay vio la situación, salió a toda prisa a presentar batalla contra Israel, él y todo su pueblo, en la pendiente de frente a la Arabá; pero sin saber que le habían tendido una emboscada por detrás de la ciudad. (Josué 8, 14)
como Moisés, siervo del Señor, había ordenado a los israelitas, según está escrito en el libro de la ley de Moisés: "Un altar de piedras sin labrar". Sobre él ofrecieron holocaustos al Señor y presentaron sacrificios de reconciliación. (Josué 8, 31)
Los jefes aceptaron de sus provisiones, pero sin consultar al Señor. (Josué 9, 14)
Ese mismo día Josué tomó a Maqueda y la destruyó; pasó a filo de espada a todos los que vivían en ella sin dejar ni un superviviente; al rey de Maqueda lo trató como había tratado al rey de Jericó. (Josué 10, 28)