Trouvé 1210 Résultats pour: Saúl Intenta Matar A David
A los que habían resuelto matar a los hijos de los santos, de los que uno solo fue expuesto y se salvó, en castigo les quitaste la muchedumbre de sus hijos y los hiciste perecer a todos juntos en un agua impetuosa. (Sabiduría 18, 5)
Aléjate del hombre que tiene poder de matar, y no tendrás que temer la muerte; pero si te acercas a él, no cometas falta, para que no te quite la vida. Ten presente que caminas en medio de lazos y marchas sobre la muralla de la ciudad. (Eclesiástico 9, 13)
Como quien intenta apresar la sombra y perseguir el viento, así es el que se apoya en sueños. (Eclesiástico 34, 2)
Que tu fuego vengador devore al que intenta escapar, y los opresores de tu pueblo encuentren la destrucción. (Eclesiástico 36, 8)
Investiga el sentido oculto de los proverbios e intenta descifrar los enigmas de las parábolas. (Eclesiástico 39, 3)
También hizo Dios un pacto con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá. La sucesión real pasa sólo a uno de sus hijos, mientras que la herencia de Aarón pasa a toda su posteridad. (Eclesiástico 45, 25)
Después de él se levantó Natán para profetizar en los días de David. (Eclesiástico 47, 1)
Como se separa el sebo en el sacrificio de reconciliación, así fue David separado de los israelitas. (Eclesiástico 47, 2)
Porque invocó al Señor altísimo, y éste dio fuerza a su diestra para matar a un poderoso guerrero y exaltar el poder de su pueblo. (Eclesiástico 47, 5)
Pero el Señor no olvidará su promesa, ni borrará ninguna de sus palabras, ni negará la posteridad a su elegido, ni extirpará la descendencia del que fue su amado. Dio a Jacob un resto, y a David un renuevo salido de él. (Eclesiástico 47, 22)
Y quedó reducido al más pequeño de los pueblos, con un príncipe de la casa de David. Algunos de ellos obraron el bien; otros multiplicaron los pecados. (Eclesiástico 48, 16)
Porque Ezequías hizo lo que agrada al Señor y siguió los pasos de su padre, David, como le había ordenado el profeta Isaías, el grande y fiel en sus visiones. (Eclesiástico 48, 22)