Mosaico decorativo

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  • Él restableció las fronteras de Israel desde la entrada de Jamat hasta el mar de la Arabá, según el oráculo del Señor, Dios de Israel, pronunciado por medio de su siervo, el profeta Jonás, hijo de Amitay, que era de Gat Jéfer. (II Reyes 14, 25)

  • Tenía veinte años cuando subió al trono, y reinó dieciséis años en Jerusalén; no hizo lo que es justo a los ojos del Señor, su Dios, como su padre David, (II Reyes 16, 2)

  • Esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, el que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto, y habían venerado a dioses extranjeros. (II Reyes 17, 7)

  • Los israelitas cometieron acciones horrorosas contra el Señor, su Dios: se edificaron colinas en todas sus localidades; tanto en las torres de vigilancia como en las ciudades amuralladas, (II Reyes 17, 9)

  • Pero no hicieron caso, tuvieron una cabeza dura, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios; (II Reyes 17, 14)

  • Abandonaron todos los preceptos del Señor, su Dios, se hicieron dos becerros de bronce fundido y un cipo sagrado y adoraron a todos los astros del cielo y a Baal. (II Reyes 17, 16)

  • Tampoco Judá observó los mandatos del Señor, su Dios, sino que siguió las costumbres de Israel. (II Reyes 17, 19)

  • Entonces dijeron al rey de Asiria: "Las gentes que trajiste e instalaste en las ciudades de Samaría no conocen el culto del Dios del país, el cual les ha mandado leones que hacen estragos entre ellos por no conocer el culto del Dios del país". (II Reyes 17, 26)

  • Y el rey de Asiria ordenó: "Llevad allá uno de los sacerdotes que trajisteis cautivos para que viva con ellos y les enseñe el culto del Dios del país". (II Reyes 17, 27)

  • Puso su confianza en el Señor, Dios de Israel; ni antes ni después hubo un rey como él en Judá. (II Reyes 18, 5)

  • porque no habían obedecido al Señor, su Dios, habían quebrantado su alianza y no habían cumplido lo que les había ordenado Moisés, siervo del Señor. (II Reyes 18, 12)

  • Y si me decís: Confiamos en el Señor, nuestro Dios, ¿no es aquel cuyas colinas y cuyos altares ha suprimido Ezequías, diciendo a Judá y a Jerusalén: Sólo debéis postraros ante este altar en Jerusalén? (II Reyes 18, 22)


"O trabalho é tão sagrado como a oração". São Padre Pio de Pietrelcina