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Yo reconduciré el resto de mi pueblo, Israel, y reconstruirán las ciudades derruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán su vino, harán huertos y comerán sus frutos. (Amós 9, 14)
no entres en la ciudad de mi pueblo el día de su ruina; no te alegres también tú de su desgracia el día de su ruina, ni eches mano a su riqueza el día de su ruina. (Abdías 1, 13)
Entonces le dijeron: "Dinos el motivo de esta desventura. ¿Cuál es tu profesión? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?". (Jonás 1, 8)
Él respondió: "Soy hebreo y adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra". (Jonás 1, 9)
Porque su herida es incurable, hasta Judá ha llegado; ha herido hasta la capital de mi pueblo, hasta Jerusalén. (Miqueas 1, 9)
Aquel día se contará sobre vosotros un proverbio, se cantará una elegía y se dirá: "¡Estamos totalmente arruinados! Se ha vendido la porción de mi pueblo, y nadie ya la restituye. ¡Entre los apóstatas se reparten nuestros campos!". (Miqueas 2, 4)
Pero vosotros estáis contra mi pueblo, como enemigos os habéis levantado; a los pacíficos les quitáis el manto, a los que caminan confiados los tratáis como enemigos de guerra. (Miqueas 2, 8)
A las mujeres de mi pueblo las echáis de las casas que amaban, y quitáis para siempre a sus hijos el honor que yo les he dado. (Miqueas 2, 9)
Si hubiera un hombre que persiguiera el viento y fraguara esta mentira: "Yo te profetizo vino y licor", éste sería el profeta digno de este pueblo. (Miqueas 2, 11)
Vosotros devoráis la carne de mi pueblo, desolláis su piel, quebrantáis sus huesos, le hacéis trozos como carne en la olla, como carne en una caldera. (Miqueas 3, 3)
Esto dice el Señor sobre los profetas que engañan a mi pueblo; cuando tienen algo que masticar entre sus dientes, entonces gritan: "¡Paz!", pero a quien no les pone nada en la boca le declaran la guerra. (Miqueas 3, 5)
Él será árbitro entre pueblos numerosos, y juzgará a naciones poderosas y lejanas; ellas cambiarán sus espadas en azadas y sus lanzas en podaderas; no empuñará más la espada pueblo contra pueblo ni se adiestrarán más en la guerra. (Miqueas 4, 3)