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El parecer del hombre sensato es solicitado en la asamblea, sus palabras se meditan en el corazón. (Eclesiástico 21, 17)
El pie del necio se precipita en casas ajenas, pero el hombre de experiencia se conduce con discreción. (Eclesiástico 21, 22)
La arena, la sal, el hierro son cargas más ligeras que el hombre insensato. (Eclesiástico 22, 15)
Un hombre fácil para jurar se llenará de iniquidad, y el azote no se alejará de su casa. Si peca, su pecado pesará sobre él; si obra a la ligera, pecará doblemente; si jura en vano, no estará exento de culpa, su casa se llenará de calamidades. (Eclesiástico 23, 11)
Un hombre acostumbrado a hablar cosas inconvenientes jamás se corregirá. (Eclesiástico 23, 15)
Una pasión ardiente quema como el fuego; no se apagará hasta consumirse. El hombre sensual con su propio cuerpo no cesará hasta que su fuego lo devore. Al lujurioso todo pan le sabe dulce, no se cansará hasta su muerte. (Eclesiástico 23, 17)
El hombre infiel al lecho conyugal, que dice para sí: "¿Quién me ve? La oscuridad me envuelve y las paredes me ocultan; ¿qué tengo que temer? De mis pecados no se acordará el altísimo", (Eclesiástico 23, 18)
Aquel hombre será castigado en las calles de la ciudad; donde menos lo piensa, se verá sorprendido. (Eclesiástico 23, 21)
Porque, primero, desobedeció la ley del altísimo; en segundo lugar, pecó contra su marido; en tercer lugar, se manchó con adulterio dándole hijos de otro hombre. (Eclesiástico 23, 23)
Nueve cosas he meditado en el corazón, que estimo dichosas, y una décima que voy a deciros. "El hombre que se goza en sus hijos, el que contempla en vida la caída de los enemigos". (Eclesiástico 25, 7)
Feliz el que vive con mujer sensata, quien jamás se desliza con su lengua, quien no sirve a hombre inferior a él. (Eclesiástico 25, 8)
Por dos cosas se entristece mi corazón, y una tercera excita mi cólera: un guerrero que sufre miseria, hombre de entendimiento despreciado y quien se convierte de la rectitud al pecado; a éste el Señor le destina a la espada. (Eclesiástico 26, 28)