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Esto dice el Señor Dios: Por haber prodigado tu vergüenza y descubierto tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes, por todos tus horrendos ídolos y por la sangre de los hijos que les has ofrecido, (Ezequiel 16, 36)
Cuando haya desahogado mi ira contra ti, mi celo por ti se aplacará, me apaciguaré y no me encolerizaré más. (Ezequiel 16, 42)
Porque esto dice el Señor Dios: Te he pagado con arreglo a lo que hiciste, al menospreciar el juramento hasta el punto de quebrantar la alianza. (Ezequiel 16, 59)
por no haber practicado mis leyes, haber despreciado mis preceptos, profanado mis sábados y entregado su corazón a los ídolos de sus padres. (Ezequiel 20, 24)
Y cuando te pregunten: ¿Por qué gimes?, les dirás: Por una noticia, a cuya llegada se derretirá todo corazón, desmayarán todos los brazos, se consternará todo ánimo y todas las rodillas vacilarán. Ya llega, ya se cumple, dice el Señor Dios". (Ezequiel 21, 12)
Grita, aúlla, hijo de hombre, porque está destinada a mi pueblo, todos los príncipes de Israel, entregados a la espada junto con mi pueblo. Hiérete las caderas, (Ezequiel 21, 17)
Pues el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada donde los dos caminos se dividen, para consultar a la suerte. Ya sacude las flechas, interroga a sus ídolos, examina el hígado. (Ezequiel 21, 26)
Por tanto, esto dice el Señor Dios: Por haber pregonado con jactancia vuestros crímenes, descubriendo vuestras rebeliones y manifestando vuestros pecados en todo vuestro proceder; por haber llamado así la atención sobre vosotros, por eso seréis castigados. (Ezequiel 21, 29)
Y en cuanto a ti, infame y criminal rey de Israel, ha llegado tu hora, el tiempo en que se acabará tu crueldad. (Ezequiel 21, 30)
para descargarla -mientras tú recibes visiones falsas y se te adivinan presagios mentirosos- sobre el cuello de los viles criminales, cuya hora ha llegado con el fin de sus crímenes! (Ezequiel 21, 34)
Por la sangre que has derramado te has hecho culpable, te has manchado con los ídolos que te has hecho; así has adelantado tu hora, has llegado al término de tus años. Sí, te haré el oprobio de las gentes, el escarnio de toda la tierra. (Ezequiel 22, 4)
Han llegado hasta esto: en un mismo día contaminaban mi santuario y profanaban mis sábados. (Ezequiel 23, 38)