Mosaico decorativo

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  • ¿Dónde están los dioses de Sefarváyim? ¿Dónde los del país de Samaría? ¿Han librado a Samaría de mis manos? (Isaías 36, 19)

  • Y el mayordomo del palacio, Eliaquín, hijo de Jelcías, el secretario Sebná y el heraldo Yoaj, hijo de Asaf, volvieron, rasgados los vestidos, donde Ezequías y le dieron cuenta de las palabras del general. (Isaías 36, 22)

  • Luego mandó al mayordomo de palacio Eliaquín, al secretario Sebná y a los ancianos de los sacerdotes, vestidos de saco, donde el profeta Isaías, hijo de Amós. (Isaías 37, 2)

  • ¿Dónde está el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Sefarváyim, de Hena y de Iva?". (Isaías 37, 13)

  • Por haberte envalentonado contra mí, pues tu insolencia y tu furor contra mí han llegado a mis oídos, voy a poner mi anillo en tu nariz y mi freno en tus labios, para hacerte volver por el camino por donde has venido. (Isaías 37, 29)

  • Y un día, mientras estaba adorando en el templo de Misroc, su dios, sus hijos Adramélec y Saréser le mataron con la espada. Huyeron éstos después al país de Ararat, y Asaradón, hijo suyo, le sucedió en el trono. (Isaías 37, 38)

  • Entonces el profeta Isaías fue a decir al rey Ezequías: "¿Qué te han dicho esos hombres? ¿De dónde han venido?". Ezequías respondió: "Han venido de un país lejano, de Babilonia". (Isaías 39, 3)

  • Hablad al corazón de Jerusalén y gritadle que se ha cumplido su servicio, que está perdonado su pecado, que ha recibido de la mano del Señor el doble de castigo por todos sus pecados. (Isaías 40, 2)

  • ¿Con quién se puede comparar a Dios, dónde encontraréis su semejante? (Isaías 40, 18)

  • Los humillados y los pobres buscan agua y no la hay; su lengua de sed está reseca. Yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. (Isaías 41, 17)

  • ¿A quién me vais a asemejar y comparar, dónde me encontraréis igual o parecido? (Isaías 46, 5)

  • Yo, irritado contra mi pueblo, dejé profanar mi heredad, la abandoné en tus manos; pero tú no tuviste compasión; sobre el anciano cargaste tu pesado yugo. (Isaías 47, 6)


"O Santo Rosário é a arma daqueles que querem vencer todas as batalhas." São Padre Pio de Pietrelcina