Mosaico decorativo

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  • Pero los habitantes de todas estas regiones despreciaron el llamamiento de Nabucodonosor, rey de Asiria, y no fueron con él a la guerra, porque no le temían; lo consideraban como un hombre cualquiera. Despidieron a sus emisarios con las manos vacías y llenos de vergüenza. (Judit 1, 11)

  • Entonces Nabucodonosor se llenó de ira contra todas estas regiones y juró por su trono y por su imperio vengarse con su espada de las regiones de Cilicia, de Damasco y de Siria, así como de todos los habitantes de Moab, Amón, Judea y Egipto hasta los límites de los dos mares. (Judit 1, 12)

  • El día veintidós del primer mes del año dieciocho se trató en el palacio de Nabucodonosor, rey de Asiria, de vengarse de todas las naciones, como lo había prometido. (Judit 2, 1)

  • Apenas terminó el consejo, Nabucodonosor, rey de Asiria, llamó a Holofernes, general jefe de su ejército, y le dijo: (Judit 2, 4)

  • Ante la presencia del rey Nabucodonosor partió la expedición de Holofernes con su ejército para invadir todos los países occidentales con sus carros, caballería y soldados escogidos de infantería. (Judit 2, 19)

  • El temor y el pánico se apoderaron de todos los habitantes del litoral: de los habitantes de Sidón y Tiro, de Sur y Ocina y Yamnia. Los de Asdod, Ascalón y Gaza estaban aterrados. (Judit 2, 28)

  • "Aquí nos tienes, siervos de Nabucodonosor, rey grande, rendidos ante ti; trátanos como quieras. (Judit 3, 2)

  • Pero él arrasó sus templos, taló sus bosques sagrados y destruyó todos sus dioses, para que adorasen solamente a Nabucodonosor, y todas las lenguas y todas las tribus le invocasen como dios. (Judit 3, 8)

  • Acampó entre Gabá y Escitópolis, donde permaneció un mes para reorganizar el aprovisionamiento de su ejército. (Judit 3, 10)

  • Cuando los israelitas y los habitantes de Judá supieron lo que Holofernes, generalísimo de Nabucodonosor, rey de Asiria, había hecho con los pueblos y cómo había expoliado y destruido sus santuarios, (Judit 4, 1)

  • El sumo sacerdote Joaquín, los sacerdotes del servicio y los levitas, ceñidos sus cuerpos con cilicio, ofrecían el sacrificio perpetuo, las ofrendas y los dones voluntarios del pueblo. (Judit 4, 14)

  • Abandonaron el culto de sus padres y adoraron al Dios del cielo, al que reconocían. Arrojados por sus padres de la presencia de sus dioses, huyeron a Mesopotamia, donde residieron largo tiempo. (Judit 5, 8)


"Seja perseverante nas orações e nas santas leituras." São Padre Pio de Pietrelcina