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Entonces el rey Baltasar se llenó de miedo y su semblante mudó de color; también sus dignatarios quedaron desconcertados. (Daniel 5, 9)
En efecto, en Daniel, a quien el rey puso el nombre de Baltasar, se encontró un espíritu superior, una inteligencia, una intuición especial para comprender sueños, descifrar enigmas y resolver dificultades. Llamad, pues, a Daniel, que él dará la interpretación". (Daniel 5, 12)
Pero yo he oído decir que tú eres capaz de dar interpretaciones y resolver dificultades. Si logras leer el escrito y me indicas su significado, serás vestido de púrpura, llevarás al cuello un collar de oro y serás el tercero en el gobierno del reino". (Daniel 5, 16)
Y recibió el reino Darío el medo, a la edad de sesenta y dos años. (Daniel 6, 1)
Darío decidió establecer en el gobierno de las provincias ciento veinte sátrapas y distribuirlos por todo el reino, (Daniel 6, 2)
Daniel se distinguía entre los ministros y los sátrapas por estar dotado de un espíritu superior, tanto que el rey pensaba darle una autoridad sobre todo el reino. (Daniel 6, 4)
Y los ministros y los sátrapas, después de reunirse, se presentaron al rey y le dijeron: "¡Rey Darío, vive eternamente! (Daniel 6, 7)
El rey Darío, siguiendo el consejo, firmó el documento de prohibición. (Daniel 6, 10)
En cuanto Daniel se enteró de que había sido firmado el documento, se fue a su casa. Tenía ventanas en su cuarto superior abiertas en dirección a Jerusalén, y tres veces al día se ponía de rodillas para orar y dar gracias a su Dios; así lo había hecho siempre hasta aquel día. (Daniel 6, 11)
El rey Darío escribió entonces a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: "Vuestra paz sea muy grande. (Daniel 6, 26)
Así Daniel vivió en gran honor en el reinado de Darío y en el reinado de Ciro el persa. (Daniel 6, 29)
Yo miraba los cuernos y observé que de en medio de ellos despuntaba otro cuerno, y que tres de los diez precedentes le eran arrancados para dar cabida a aquél. Vi también que el nuevo cuerno tenía ojos como los de un hombre y una boca que decía cosas monstruosas. (Daniel 7, 8)